Lo grabamos hace veinte años y fue uno de los primeros que hicieron popular a esta marca de zapatos. Yo era muy amiga de Alfonso de la Espriella y Eduardo Cabas, los dueños de Globo Publicidad, uno de ellos me llamó y me dijo que me tenían el papel perfecto para un comercial. No tuve necesidad de hacer casting y puedo decir que me eligieron a dedo y por rosca.

Recuerdo que la grabación fue en un estudio ubicado por la calle 80. Apenas llegué me tenían mi traje de profesora, con una falda clásica que me llegaba por debajo de la rodilla, una camisa con un lacito en el cuello y gafas, no recuerdo si tenía cuadernos en la mano. Mi función era guiar a un grupo de niños de ocho años al bus escolar. Yo estaba al lado de la puerta del bus y les preguntaba: "¿De dónde son tus zapatos?" Y ellos me contestaban en coro: "Los traje de Miami". Luego entre risas me cantaban: "Mentira, mentira: ¡son Jazz!".

Ese coro, ese jingle, siempre me pareció muy divertido, lo que nunca imaginé fue que se convertiría en parte de la jerga colombiana del momento. Fue todo un éxito y se mantuvo en el resto de comerciales que luego se hicieron de zapatos Jazz.

La grabación fue muy agradable, yo era la única adulta del comercial y con los niños trabajamos muy bien. Todo lo hicimos en un día y fue un solo chiste, la gente de producción se reía de mis muecas y fue bastante divertido.

No recuerdo cuánto me pagaron, pero sí les puedo decir que con ese sueldo me compré un anillo que años después, una empleada del servicio me robó. Mi mayor satisfacción fue el reconocimiento de la gente en las calles y el hecho de ver a todos mis amigos cantándome el corito de zapatos Jazz durante muchos años. Mi familia de vez en cuando me canta la canción y me hace recordar una etapa de mi vida que disfruté mucho.

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