A mediados de los ochenta regresé a Colombia tras estudiar Actuación y Dirección en París. Yo no tenía agente y entrar a la televisión nacional no era fácil. En ese entonces era profesor de la Escuela Nacional de Arte Dramático de la Universidad de los Andes, actuaba en el Teatro Libre y de pronto resulté convocado por productoras de comerciales para hacer diferentes castings. Uno de ellos, de eso ya hace como veinte años, era para protagonizar un comercial de la marca de arroz huilense Roa, en el que un jeque árabe llamado Mustafá, dueño de un harem de seis bellas esposas, muestra su asombro luego de escuchar que todas las esposas de los señores presentes en un coctel eran "las señoras de Roa".

Recuerdo que el comercial lo filmamos en un penthouse en el norte de Bogotá. En algún momento durante la grabación, que duró dos días, se me ocurrió sugerir el gesto que hizo que el personaje y la marca fueran tan recordados: "¡Ese Roa debe ser un señor brrrr...!" (moviendo la cabeza de lado a lado y soltando la boca, que es un ejercicio de relajación de los labios para mejorar la vocalización). El comercial fue tan exitoso que al poco tiempo me llamaron para posar en un afiche por el que me pagaron prácticamente lo mismo que por el comercial. La cifra exacta no la recuerdo, pero esa plata me ayudó a comprar un carro.

Años más tarde, Roa me llamó para una nueva campaña. Yo ya era un actor conocido y mi representante pidió una cifra que ellos consideraron alta y no se llegó a un acuerdo. Una lástima, porque con tanta recordación habríamos hecho otro éxito.

El comercial ha sido insuperable. Yo quedé muy bien posicionado como "actor de comerciales" y participé en más de veinte, de los cuales muchos ganaron Cóndores y Catalinas. Los creativos, la agencia y la productora hicieron un excelente trabajo. Roa vendió arroz como arroz y todos nos la gozamos. Fueron diez años al aire, y aunque mi personaje salía muy caracterizado y hablaba con acento árabe, la gente me paraba en la calle para que hiciera el célebre "¡brrrr...!". Ahora, viendo las cosas a distancia, siento que mi papel más recordado en la televisión, el vividor Miguel Tejeiros de la telenovela Café, muy seguramente le debe parte de su espíritu buenavida y mujeriego al buen Mustafá.

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