Yo soy hombre Marlboro tiempo completo. Nací, viví y seguramente moriré al lado de arrieros y caballos en una finca. Soy un llanero de pura sangre. La diferencia con ser Juan Valdez no es mucha, la única es que no se trata de una sola figura sino de muchas.

Los comerciales eran diferentes en cada país, pero bajo el mismo formato del vaquero machote que fumaba, mientras montaba a caballo y enlazaba ganado. Marlboro llegó al mercado internacional como el primer cigarrillo con filtro del mundo. Por eso, al instante, se le dio la connotación de un producto para mujeres. El hombre Marlboro es la respuesta publicitaria, con el objeto de masculinizar el cigarrillo con filtro. En 1975, cuando estaba por mis cuarenta años, yo había trabajado de modelo en comerciales como el de Coltejer, el de la Cruz Roja y el del Sorteo Extraordinario. Llegué al comercial porque el casting a 150 modelos que había hecho Leo Burnett no sirvió. Ser hombre Marlboro requiere habilidades diferentes a posar y ser bonito. La idea de los gringos era usar caballos de calidad en cuanto al trote y el galope, que fueran desbocados, que tuvieran brío y temperamento. Por eso, Ricardo Tobón, el fotógrafo de Leo, me propuso a mí como solución. Resulté tan apropiado para el papel que terminé siendo el productor: conseguía las locaciones, los caballos y el ganado. Así empezó una etapa —de 1974 a 1986— que me obligó a realizar hazañas, como carreras cogiendo el caballo al vuelo, pasar ríos y bajar lomas empinadas.

Como dije, yo soy hombre Marlboro tiempo completo. A los ocho meses de haber nacido, me llevaron en un caballo amarrado de dos almohadas, con un arriero, a la finca donde fui criado, en Santafé de Antioquia. Allá dormía en las pesebreras. Así ha sido mi vida. Nunca estudié nada. Soy un hombre de aventuras. Fui torero y novillero. Fui muy fiel con mi primera esposa, pero ser hombre Marlboro no es fácil. Las mujeres me buscaban. Para ellas era como un fetiche. Esto acabó con el matrimonio, que me dejó ocho hijos, uno de los cuales murió. Su muerte me llevó al alcoholismo. Pero con María Fernanda, mi segunda esposa, con quien tengo tres hijas, superé todo.

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