Es increíble que nunca tuviéramos un problema sanitario o médico porque el método era realmente primitivo: mi mamá paría, cortaban el ombligo con tijeras y, por último, nos bañaban en un platón con agua del río que, por cierto, antes era limpio. En efecto, yo nací como mis seis hermanos en la casa que tenía mi mamá —Rosalina Ojeda, de 97 años— al lado del mítico río Arauca en el Matal de Flor Amarillo, región ganadera en el llano del departamento de Arauca. Era una casa muy pobre al borde del río, donde mi mamá daba a luz gracias a la ayuda de una vecina, Rosa Mota, que nos recibió a todos. Apenas mi madre rompía fuente yo me iba corriendo, porque era el mayor, a la casa de Rosa para avisarle. A mí me parieron de la misma manera. Como quien dice que en mí y en mis hermanos se cumplió literalmente la letra del famoso joropo Alma llanera, que es como el segundo himno de Venezuela: nacimos en la ribera del río.

Mi relación con el río Arauca siempre ha sido muy estrecha. Si bien es un afluente muy legendario, también hay que tenerle respeto. Muchos de mis amigos murieron ahogados por las corrientes cuando nos íbamos a nadar después de arrear el ganado. Hasta mis 20 años me dediqué a esas labores. Con mi mamá hacíamos queso en la casa, y mi papá trabajaba en un hato del que salía una vez al mes para visitarnos.

En 1957, decidí volverme compositor. No fui el más famoso de los autores, pero sí tuve mi éxito en el contrapunteo, la copla y hasta la poesía. Hice giras por todo el Llano colombiano y venezolano, y tuve una canción muy famosa que se llama Poesía, copla y sabana. Los caudales y meandros del Arauca me inspiraron mucho

Hoy, a mis 70 años, vivo con mi hija en una urbanización de Arauca, la capital, llamada Araguaney, donde llevo unos 12 años. Soy el clásico campesino desplazado de la violencia. A la gente la estaban matando en Matarión, la zona rural donde yo vivía. Como el llanero tiene una manera muy espontánea de conseguir las cosas, no fue tan difícil llegar a la ciu dad, porque yo ya había tenido contactos con el mundo urbano cuando fui músico. Hace diez años que atravieso fuertes problemas de salud; no han pasado seis meses de la operación que tuve a corazón abierto en Bogotá. Todavía me estoy recuperando y a veces me duele el pecho, pero cada vez me siento mejor, porque hago bicicleta y camino. Hoy, tengo siete hijos y cinco nietos.
 

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