Más que estar buscando un millón de amigos, lo que yo pretendí al crear un grupo en Facebook con ese nombre era ver qué pasaba, darme cuenta de qué tan amplia es la capacidad de este boom mediático de congregar gente en torno al mismo concepto. El experimento surgió de una curiosidad personal hace tres meses, almorzando con mi hermano, y lo armé en algún domingo de insomnio. Poco me gusta Roberto Carlos, de él solo conocía esa reconocida canción del millón de amigos. Sucede que trabajo en mercadeo y constantemente me tengo que cuestionar sobre diferentes métodos para comunicarse con la gente. El grupo tiene que ver con un tema de convocatoria, que en lo político y religioso tiene mucha acogida, pero en lo cultural no tanta.

La bola de nieve reunió rápidamente a 350 personas, la gente incluso puso ahí la letra de la canción y un video en vivo del tema. Pero después de tres semanas, dejó de crecer, lo cual se prestó para el debate. Luego surgieron otros dos grupos, uno que hice con amigos del colegio y otro llamado Trivia! TV de los 80, un concurso en el que la gente adivinaba acertijos sobre la cultura ochentera. Era de a un punto por acierto, no había premio y participaron como 100 personas.

La pretensión original del grupo del millón de amigos no ha terminado. Qué bueno sería que este artículo fuera un nuevo detonante para alcanzar esa meta.

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