Para el papel protagónico del comercial de Finigax se presentaron unos sesenta candidatos. El director fue Ciro Durán, reconocido cineasta, y lo grabamos en una sola jornada, de nueve de la mañana a seis de la tarde. Eso fue hace unos seis años, pero antes de hacerlo había salido en unos treinta comerciales más. Por hacer de un senador que va a comer pasta a un restaurante y termina con gases me pagaron trescientos cincuenta mil pesos y firmé un contrato a un año. Estoy rodeado de guardaespaldas que cuando oyen el estruendo se me botan encima, creyendo que es un atentado, pero al instante se levantan haciendo mala cara por el olor de mis gases. Esa toma la repetimos muchas veces, por ahí unas veinticinco sobre alfombra y treinta más sobre el asfalto. De tanto ensayar se me dañó el pantalón que había llevado; menos mal me lo pagaron. Los escoltas eran reales, pertenecían a la Fiscalía y la recomendación del director era que cuando se me tiraran encima trataran de no taparme la cara. Cuando hice el casting no me dijeron para qué era, así que el día de la filmación, Ciro me contó la historia muy sutilmente para que yo no me corriera. Y a mí, que no me gusta la pasta, me pusieron a comer lasaña y a mostrar el queso. El comercial de Finigax es el que más fama me ha traído, pero también más "inconvenientes". Muchas veces, cuando me reconocen, me gritan "Hola, Finigax", "¿Qué hay, don pedo?", mientras que en mi barrio la montada es constante: se tapan la nariz, hacen la fonomímica del pedo o me preguntan por los escoltas. El comercial más reciente que hice va a salir solo en Republica Dominicana. Es un anuncio de papel higiénico, donde a un señor que entra al baño se le acaba el papel y piensa en usar una revista. Me parece gracioso también, son gajes del oficio ¿o, más bien, gases del oficio?


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