Estoy en México. O como lo dice su nombre oficial, en los Estados Unidos Mexicanos. En el resto del mundo solemos olvidar que los de México también se llaman Estados Unidos, sin embargo, ellos parecen estar dispuestos a que lo recordemos. Como ahora, que estoy en la capital del país, en el DF, la antigua Tenochtitlán, y he visto la inauguración de la pista de hielo más grande del mundo. "Para que esta Navidad, los mexicanos se sientan como en Nueva York", dijo el alcalde de la ciudad, un día de sol, mientras algunos turistas en camisetas y pantalones cortos tomaban fotos de la pista de hielo en el centro de la ciudad más grande del mundo.

Los informes meteorológicos dicen que, en estos momentos, en Nueva York está nevando. Aquí en DF, en cambio, hace calor, hace meses que no llueve, muchísimos años que no cae nieve, y en el cielo apenas se logra ver la nube de contaminación que crece en la época seca, que es la de ahora, la misma de la pista de hielo.

La insólita pista es una de tres que se han instalado en la ciudad. Las otras están en la Alameda del Sur y en San Juan de Aragón. Para que funcione, se instalaron diez enfriadores de agua que mantendrán la pista en condiciones óptimas para el patinaje.

"Será la mejor Navidad de los últimos años", dijo el alcalde, y ahora que veo a estas familias mexicanas patinando como en Nueva York, por su alegría me doy cuenta de que tal vez la idea no era tan disparatada.

Desde siempre en Latinoamérica vivimos una Navidad con adornos de nieve, con trineos y un Papá Noel que se moriría de calor si se asomava a nuestras ciudades en diciembre. Sin embargo, esto de la Navidad como en el hemisferio norte venía siendo una simple y mala casualidad climática. Eso, hasta ahora, que los mexicanos han querido tomar el asunto en serio, y se han puesto a la idea de inventar un invierno, una nieve, una pista de hielo que haga algo de justicia frente a tan impune bombardeo comercial.

La colonia de inmigrantes más grande de Estados Unidos es la de México. Tal vez, los motivos para traer la pista de hielo al DF tengan que ver con eso, con acercar a Estados Unidos a la gran Tenochtitlán, con frenar el continuo éxodo que mata a cientos de mexicanos cuando tratan de cruzar la frontera.

Cuando pido un par de patines para calar la pista de hielo, pienso en que toda esta escena de patinaje sobre hielo está pasando en el centro de un DF caluroso. En el "mero mero" defectuoso, la ciudad de la lucha libre, de los tacos pastor, de las peleas de gallos y perros, la de Cantinflas y el Chavo, la del mayor número de millonarios y de pobres de Latinoamérica, la de las telenovelas de Televisa que hablan de amores entre ricos y pobres, la que celebra en día de los muertos con calaveras por todas las calles y fiestas en los cementerios. La ciudad con más chalecos antibalas del mundo.

Y aunque las autoridades insistan en hacernos creer ahora, esta Navidad 2007, que todos los que usemos la pista de hielo nos sentiremos como en Nueva York, les puedo asegurar que no es así.

Que dentro de la pista, uno se siente bien de la Ciudad de México. Por suerte.

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