Si usted cree haberlo visto todo es porque no ha ido al Carnaval de Salvador, en Brasil. No es cualquier carnaval: es la fiesta callejera más concurrida del planeta. Por eso figura en el libro Guinness Records como el evento con mayor participación popular del mundo. Sí, hay muchas mujeres y rumba por todas partes. Pero esto es solo uno de sus atractivos. Lo que realmente hace la diferencia entre tantos carnavales es su riqueza musical y visual, típica de la cultura brasileña. Ver las distintas comparsas que desfilan 25 kilómetros por tres diferentes circuitos, Osmar (Avenida), Dodô (Barra-Ondina) y Batatinha (centro histórico), que conforman la Ciudad Carnaval, un complejo increíble de clubes con balcones o pasarelas llamados camarotes, frente a los que paran los músicos y bailarines durante un par de canciones, es un espectáculo incomparable.

Para desfilar en el carnaval al ritmo de samba, uno debe hacerse socio de unos grupos musicales llamados "Blocos carnavalescos", que son guiados por unas carrozas a las que les dicen "Trio eletrico". Los grupos están separados de la multitud por una cuerda de seguridad que protege a cada comparsa de los más de dos millones de personas, entre lugareños y turistas, que participan de esta celebración. Son 227 grupos musicales los que animan la noche, tocando ritmos tradicionales de la región como el axé, el pagode, el forró, el arrocha y la samba.

Salvador es la tierra de grandes cantantes de la música popular brasilera, como Gilberto Gil (actual ministro de cultura de Brasil), Caetano Veloso, María Betania y Gal Costa. Como si fuera poco con eso, cuenta, además, con un importante movimiento rockero, entre el que se destacan Los Blocos, esas comparsas barriales que deambulan por las calles tocando batucada con sus tambores. La más famosa de ellas es Olodum, un grupo que surgió hace 25 años en el barrio colonial de Pelourinho y que adquirió renombre internacional cuando tocaron en un video con Michael Jackson.

Como ocurre en todas las grandes rumbas del mundo, en el carnaval de Salvador de Bahía hay un espacio alejado de la multitud, en el que se reúne la gente que prefiere evitar los tumultos. El lugar se llama Camarote Expreso 2222 y es un club ubicado, justamente, en el centro del recorrido del carnaval que organizó Gilberto Gil, con el patrocinio del vodka Smirnoff, que ya ha apoyado eventos de magnitudes similares. El Camarote Expreso 2222 tiene cuatro pisos donde uno encuentra todo tipo de comida experimental, una sala de Internet y hasta un spa.

Gracias a una invitación de Smirnoff, más de 150 personas de todo el mundo (China, Sudáfrica, Estados Unidos, Australia, Japón, Rusia, Inglaterra y Colombia) estuvieron presentes en febrero y participaron de la primera campaña de consumo responsable que está impulsando este licor, en un área especial que dispuso Smirnoff en el Camarote y que bautizó como el Espaçio Smirnoff Expresso 2222. Una zona VIP de talla mundial, a la que han asistido personalidades como el productor musical Quincy Jones, Caetano Veloso, Arnaldo Antunes y hasta el DJ FatBoy Slim. El Carnaval de Bahía es una fiesta impresionante en tamaño y organización y vale la pena irse anotando desde ya para el próximo, antes de que se pase el año y no haya otro remedio que verlo por televisión.

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