La sacó del estadio Royal Caribbean con un barco cuyas especificaciones, simple y llanamente, sobrepasan en ocasiones el sentido de proporción. El Freedom of the Seas es una ciudad independiente, incluso, una vez allí le costará mucho volver a vivir en la suya, mucho más aburrida y estática.

El buque pesa más que 80.000 autos o 32.000 elefantes, parado es más alto que la torre Chrysler de Nueva York, es más ancho que la Casa Blanca y tiene 530 toneladas de agua en sus piscinas. En el bulevar Promenade, de 135 metros de longitud, usted podrá perderse haciendo compras, cenar o simplemente divertirse. El paseo cuenta con librerías, heladerías, pizzerías, tiendas de ropa, tienda de fragancias y relojes, boutiques de ropa, bar de vinos y, en general, con cualquier cosa necesaria para que usted haga de todo en la mitad del océano, excepto aburrirse.

1.817 habitaciones, 1.084 de ellas con vista al mar, y entre esas la suite presidencial, con 112 metros cuadrados de espacio interior y 75 más exteriores, para una capacidad total de 14 personas.

Royal Caribbean ha pensado en todo para que a usted no le dé por botarse al mar del aburrimiento. Diez restaurantes, 16 bares y salones, 15 cubiertas de pasajeros, una pista de patinaje en hielo, un muro de escalar, un parque acuático, un centro para surfear, una cancha de mini golf, un cuadrilátero de boxeo y un auditorio para espectáculos para 1.360 personas, el Arcadia, inspirado en la arquitectura Art Deco.

El nombre Freedom of the Seas (Libertad de los Mares) no fue puesto al azar. Dentro del barco existen, literalmente, opciones de diversión para cada tipo de persona. A las atracciones ya mencionadas se le suma un casino, el más grande del mundo dentro de un barco, para los que gustan del juego. Es decir, además de descansado, puede salir millonario de sus vacaciones. ¿No es un buen negocio?

"Sea lo que sea que usted quiera hacer, siempre tendrá la oportunidad de elegir", es el lema que ha querido implantar Richard D. Fain, CEO de Royal Caribbean International. La verdad es que hay que darle crédito, porque ni se equivoca ni exagera.

Las características de este crucero son impresionantes y es casi inevitable no pensar en ese otro gran barco, el Titanic. No se preocupe, el Freedom of the Seas ya hizo su primer viaje. De Alemania a Noruega, y de ahí a Inglaterra, Nueva York, Boston y Miami, a donde todos llegaron a salvo. No será la última vez. En esta ocasión no hubo Kate Winslet que llorara a Leonardo DiCaprio.

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