Si quiere montar un restaurante decente, que no tenga tractomulas en su exterior y en el que las comensales no saluden de beso al que cuida los carros, si quiere tener un restaurante al que no le digan 'comedero', si quiere tener un negocio sin payaso a la entrada, entonces, antes de descartar las anteriores opciones, mire la inversión que se le viene encima.

Para el arriendo, hágase a la idea de que son por ahí unos $6.000.000 mensuales en un vecindario con restaurantes similares al suyo (o, mejor, al que usted ya empezó a deber). Lo que llamamos obra civil, es decir, piso, desagües, instalaciones hidrosanitarias, muros, acabados, etcétera, sale a $500.000 el metro cuadrado. Pongámosle unos 150 metros cuadrados al sitio, apenas para albergar unos 80 clientes: eso supone un total de $75.000.000. Si aún no se ha desanimado, sigamos con los equipos de cocina, campana extractora, motor, estufas, freidora, neveras, licuadoras, en fin... si lo compra de manufactura criolla, bájese de $60.000.000, si no ha escarmentado y lo quiere todo gringo, súmele $40.000.000 más. Para que la anterior inversión no quede de adorno, entonces saque otros $10.000.000 para la dotación de cocina: ollas, cuchillos, sartenes, contenedores y demás. Para servir los platos, pues necesita platos, una vajilla ni muy muy, ni tan tan, pongamos... una vajilla venezolana, cuesta $5.000.000.

Como, recordemos, se trata de un sitio decente, la gente no va a comer sentada en el piso: las sillas y mesas, si son de acá, cuestan $200.000 por unidad, si son de afuera, $750.000 cada una. Si se imagina el sitio con terraza, pues agregue $15.000.000 de la carpa y cuatro calentadores de $1.500.000 cada uno. Por el lado de las bebidas, métale $5.000.000 de trago y una máquina de capuchino por $8.000.000. Si los ingredientes de sus recetas se dan todos en territorio nacional, separe $6.000.000 para el mercado; si le toca importar ingredientes, entonces $15.000.000.

Si ya hizo la inversión, pues tiene que cuidarla. No se ponga a hacer las cuentas en calculadora o caja registradora porque, o lo tumban los meseros, o lo tumban los clientes: cómprese un software para restaurantes que cuesta $18.000.000, y que tiene que instalar en un sistema computarizado que cuesta más o menos lo mismo, otros $18.000.000. Ahora solo le queda faltando la nómina que, entre unas veinte personas, asciende a $12.000.000.

Ya que está al tanto de todo, pues mire a ver si se le mide a invertir los $328.000.000, porque un megáfono de segunda cuesta $70.000 y un payaso de restaurante cobra $12.000 el día.

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