Tener una buena posición laboral, un buen cargo, y, por supuesto, un buen salario, no siempre es una bendición.

Aparte de los vaciadones esporádicos o permanentes del jefe (que no siempre es el más inteligente, ni el más decente, ni el de mejores modales, sino simplemente eso: el jefe); las idas a almorzar con los 'compas' y las 'loquis' de la oficina con motivo de la celebración de 'los cumpleaños' de Martha, 'Jaquie', o 'Alba Luchi' ?no entiendo por qué le ponen plural a esa fecha?; los 'retoces' y las peleas del contador con la secretaria; o simplemente la celebración casi perpetua de los 'viernes culturales' en el 'japy agüer' de la pescadería El Tiburón Feroz (sólo porque a la loba o el lobo agasajado le gusta el arroz con chipi-chipi), ganarse un buen sueldo tiene un costo en dinero que, en todo caso, es mucho más alto que el de llevar una vida social laboral.

Es una realidad: llegan las quincenas y cuando uno va a revisar el comprobante de pago, se encuentra con que la suma astronómica que señala el contrato de trabajo como salario, se va desvaneciendo en un sinnúmero de ítems que uno mismo no entiende (muchas veces ni siquiera los vicepresidentes financieros de las compañías), y que nadie en la compañía se ha encargado de explicarle.

Variables como 'el aporte al fondo de empleados', 'el descuento por préstamo para computador' (con el que uno trabaja), 'el préstamo para vehículo', los aportes a pensiones y la retención en la fuente, convierten un salario jugoso en una mesada discreta que no alcanza para rumbear en Andrés Carne de Res, sino apenas para darse un duchazo de popularidad en El Humero.

Definitivamente, ganarse un buen sueldo sería mucho más llevadero si uno no tuviera que compartir sus ingresos con el 'socio' obligado de todo contribuyente: el Estado. O mejor (más bien peor): la DIAN. No pudo el Estado inventarse una mejor manera de recaudar los impuestos de los asalariados en forma anticipada, que la bendita retención en la fuente. Ese 'peaje' para el cheque quincenal va desde $5.000, para los que se ganan $ 1.550.000, hasta $1.729.000, para los que se ganan $7.500.000 (con $5.000 y un poco de sacrificio, uno paga la cerveza en El Tiburón Feroz, pero con $1.700.000 paga la cuota mensual de su casa o del Audi A3 que todos queremos).

Pero el desfalco no para ahí: los aportes obligatorios a pensiones y el Fondo de Solidaridad son el 4,375 por ciento del sueldo y los aportes a Salud (aunque uno tenga su Plan de Salud aparte) son el cuatro por ciento del salario. En pocas palabras, ganarse un buen salario le cuesta a uno por ley, y sin contar con los demás descuentos, la medio pendejadita del 8,375 por ciento de su sueldo, sin contar la retención, que es la parte gruesa del asunto. Ahora, si uno se gana un salario integral, los descuentos se los hacen sobre el 70 por ciento del sueldo.

¿Todo por qué? ¡Por pendejo! Por que si uno fuera un poco más pilo, se prepararía para esa avalancha de descuentos, y optaría por otras cosas como el ahorro en fondos voluntarios de pensiones que, sumados a los obligatorios, puede ser hasta del 30 por ciento del salario. Esos no son susceptibles de retención en la fuente, así que llegan completicos, mientras uno los conserve durante cinco años en el Fondo de Pensiones; el ahorro en las cuentas AFC para comprar vivienda (recuerde: tener casa propia no enriquece, pero no tenerla, sí empobrece); optar por el pago de hasta $664.000 en bonos de Sodexho que sirven para hacer mercado, y para almorzar hasta en El Tiburón Feroz; la compra del carrito mediante leasing, y algunos otros tips que cualquier asesor juicioso, o cualquier director de recursos humanos podría dar.

No se afane, señor ejecutivo, que no siempre el bajar su base de retención en la fuente implica bajar su liquidez ni alterar su flujo de caja.
Sin embargo, sí es importante para la billetera y para la cuentica de ahorros acercarse al jefe de recursos humanos de su compañía, para pedirle que le dé opciones que ayudarán a bajar la retención en la fuente.

juanfrarbe@hotmail.com

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