Mucha gente pensará que soy un traqueto o un mafioso por tener una pista de bolos en la casa, pero así como hay personas que ahorran toda la vida para comprarse un carro antiguo o tienen el computador más berraco, pues yo ahorré para poder practicar mi hobby tranquilo. Juego a los bolos desde los 15 años y actualmente entreno unas dos horas diarias, pero no me considero un profesional. Me parece un deporte perfecto: demanda concentración, destreza, fuerza, puntería y delicadeza en los movimientos.

Me decidí a comprarla porque me cansé de ir al Bolívar Bolo Club o a otras boleras donde venden trago. Allí los bolos muchas veces son solo una excusa para emborracharse. En el Salitre y en otros clubes no me gustaba jugar porque iban equipos de empresas y armaban un griterío jartísimo, así que después de pagar la universidad del último de mis hijos me puse la meta de ahorrar para tener mi propia pista. Ahora que estoy jubilado juego a la hora que quiero y con quien quiero. Hay noches que paso derecho mejorando mi estilo.

Como el ruido que hacen los pines siempre es duro, la mandé a construir detrás de la casa, en un jardín. Afortunadamente tengo una buena propiedad en Suba.

Tengo dos líneas de 12 metros de largo. Las encargué a una empresa china que tiene una filial en Oregón, Via Bowling. Cada una me costó 20 mil dólares con todo incluido o sea unos cincuenta millones las dos en la época en que las monté. El pinsetter o la máquina que pone los pines me costó US$7.500; el maderamen, US$3.500, y el sistema para retornar las bolas, US$800. Con la silletería (dos sillas por línea), el tablero anotador, los materiales de instalación, los derechos de importación desde Estados Unidos, la adecuación del lugar, cuatro juegos de pines de 10, ?cada uno salió a US$120, son Max Crow?, y bolas desde siete a catorce libras, una por cada peso, creo que me gasté unos setenta millones o un poquito más.

Cada semana un técnico le hace mantenimiento. Le pago 50 mil pesos. Para las pistas utiliza un líquido limpiador y después una película protectora. El limpiador cuesta US$40 y la película US$150. Ambos son de cinco galones o sea que me duran varios meses. Para las bolas y los pines utilizamos un spray que cuesta como 15 mil pesos.

Hace poco estuve en Estados Unidos en un sitio donde tenían pistas reflectivas o sea que alumbran con las luces apagadas. Son una belleza. Me dieron muchas ganas de tener una en mi casa pero eso sí ya sería demasiado. ¿O será que no? ¿Usted qué cree?

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