De unos años para acá, no sé si como consecuencia de la televisión, de la globalización o del neoliberalismo, la celebración de los goles en el fútbol se ha convertido en un despliegue de acciones de mal gusto, ordinarias y sobre todo afectadamente artificiales. No me refiero únicamente a esos jugadores que decidieron que la mejor forma de compartir con el mundo la alegría que los invade cuando anotan un tanto es irse corriendo a la banderilla del tiro de esquina y levantar una pierna simulando a un perro que orina en un poste. Esa ya es suficiente razón para buscarles ayuda profesional (un psicólogo o un domador, aún no es claro), pero sobre todo subraya la necesidad de establecer urgentemente una normas que rijan la etiqueta para celebrar un gol.

A los hinchas del fútbol nos interesan profundamente las celebraciones de los goles de nuestro equipo y, aunque a veces no parezca, hasta el festejo de un gol tiene límites y comportamientos que no son admisibles. En todo caso, al momento de anotar un gol, sea usted jugador profesional, aficionado o sedentario practicante de fútbol en X-BOX, procure seguir las siguientes normas.

Goles que no se deben celebrar
Es considerado de pésimo gusto entre los entendidos y miembros del gremio celebrar con expresiones de júbilo o grandes aspavientos (carrera enloquecida, pirámide, doble salto mortal, etc.) los siguientes tantos:

Gol de descuento. Por respeto a sus compañeros, y sobre todo a usted mismo que a pesar de anotar sigue siendo un perdedor (así lo dice el marcador), nunca debe celebrar un gol de descuento. Joven goleador: en esta situación sírvase recuperar rápidamente el balón del fondo de la red, de ser necesario forcejee con el defensa contrario por la pelota, y regrese raudo al centro de la cancha. Se permite un sobrio choque de manos con los compañeros siempre y cuando no se detenga el trote. Es particularmente mal visto intentar celebraciones que involucren bailecito salsero con el puntero derecho o abrazo con el utilero.

Autogol. No es de cristianos (ni de judíos, ni de musulmanes, ni de ateos) festejar a todo pulmón un gol conseguido gracias a la desgracia de un compañero de profesión. De hecho es una situación incomoda para todos (como un eructo en una comida) y como tal debe tratarse. Por caridad, finja una tos para desviar la atención del jugador humillado. Acérquesele y dígale que usted leyó en algún lado que Michel Platini hizo un autogol una vez (en realidad perdió un penalti en un mundial, pero para el caso sirve). En todo caso compadézcase y tenga el valor civil de no celebrar algo en lo que no tuvo nada que ver.

Gol al equipo que lo vio nacer. Esta norma es extensión del mandato divino de honrar a padre y madre. Si anota un gol a su equipo de toda la vida, no sea miserable y regrese en silencio y tranquilamente al centro del campo. Sólo si le quedaron debiendo cuatro o más quincenas, se admite celebración. En todo caso esta deberá estar dirigida exclusivamente al presidente del equipo que le tumbó la plata.

Goles que se deben celebrar con mesura

Gol de penalti. Raya en la impudicia celebrar airadamente un gol de penalti. En el mejor de los casos, con el brazo en alto, levante discretamente el pulgar en señal de misión cumplida, pero nunca salga corriendo a revolear la camiseta como si de un gol de chilena se tratara. Anotar un gol de penalti es un trámite. No se regodee celebrando semejante diligencia.

Gol involuntario. Aquí se pone a prueba la honestidad del jugador. Si en realidad usted intentaba despejar el balón a cualquier lado y resultó entrando al arco contrario, simplemente sonría (levemente, sin carcajadas) y con una expresión de "así es la vida" salúdese con sus compañeros. No corra en forma desenfrenada a montarse del alambrado como si hubiera convertido un gol de tiro libre tipo Zico, que usted y yo sabemos que no va a volver a ocurrir.
En general, es de pésimo recibo entre la sociedad futbolera celebrar excesivamente y con aspavientos centros que terminaron entrando, disparos desviados que se convirtieron en gol porque golpearon a alguien que pasaba por ahí (un defensa, un cartero, un lustrabotas), tiros débiles que pasan mansamente debajo de los pies del arquero y en general aquellas acciones donde el azar tiene prácticamente todo el mérito.

Celebraciones estándar
Tópico difícil. En términos generales, desdice de un jugador profesional celebrar en forma mecánica un gol. Se da la impresión al público de estar más interesado en cumplir una tarea que en festejar con auténtica emoción el tanto. Dentro de las celebraciones estándar tenemos las siguientes:

Celebraciones religiosas. Desde Taffarel, arquero de Brasil en tres mundiales y atleta de Cristo, hasta John Mario Ramírez, que lucía una imagen del Divino Niño debajo de su camiseta mientras insultaba a los contrarios, las celebraciones religiosas de los goles han ido ganando espacio en el fútbol moderno. Sin embargo, todo en exceso resulta extravagante y todo en la vida tiene jerarquías. Limítese la celebración religiosa a la Junta Directiva.

Celestial: Dios, la Virgen (en su versión internacional. Evitar las versiones locales: Chiquinquirá, Macarena, del Carmen, etc.) y Jesús (este si es aceptado en sus diferentes presentaciones: el Salvador, Divino Niño, Redentor, etc.). No se considera prudente dedicar goles a santos, ángeles y beatos, pues da la idea de preferir utilizar intermediarios: como en la diligencias para sacar el pase.
Debe tenerse especial cuidado en no caer en situaciones absurdas si se decide agradar al altísimo ofrendándole un gol. Resultan lamentables las celebraciones de jugadores que anotan el gol del descuento en una humillante derrota 5-1 y corren a levantarse la camiseta para que todos podamos leer "DIOS ESTA CONMIGO". Por rendirle un homenaje al Creador acaban poniendo en tela de juicio, frente a millones de televidentes, la omnipotencia de un dios que se deja golear de esa forma. En esas ocasiones uno desea conocer al dios del equipo contrario, que se para mejor en defensa y trabaja entre semana la pelota parada. En últimas resulta preferible que el jugador le ofrende un cordero a Dios en el apartamento por la noche o si está realmente decidido a agradarlo, que sacrifique a su único hijo, como Abraham. Todo esto, por favor, fuera de la cancha.

Familia y sociedad. Precursor de las celebraciones familiares fue el delantero argentino Claudio 'Piojo' López cuando en pleno mundial de Francia 98, se levantó la camiseta para que el mundo entero leyera: FELIZ CUMPLE, VIEJO. Lamentablemente, a partir de la idea original del 'Piojo' López que en su momento resultó emocionante hasta para los jugadores del equipo contrario, medio mundo futbolístico decidió mostrar en las celebraciones camisetas con fotos de ahijados en la primera comunión, a tía Myriam en la playa, a los primos en un paseo de olla, etc. La cosa evolucionó a mensajes al resto de la sociedad: por la paz, por los muertos, por los vivos, a la novia: "Daisy María: perdóname".
Si esta explosión de mensajes no se detiene es difícil imaginar a donde vamos a parar. Si ya tenemos felicitaciones de cumpleaños al tío, fotos de la cuñada y declaraciones de amor, lo que viene pueden ser solicitudes de empleo "Ganga. Venpermuto Goleador. Recibo carro, local en sanandresito o volante por izquierda", razones urgentes "Gorda. Se me olvidó pagar la luz. Como hice gol llego tarde". Calculen las posibilidades: cuando a un delantero le pitaran fuera de lugar, este se iría corriendo a buscar una cámara de televisión, se levantaría la camiseta del equipo para que los televidentes leyeran: "No sea como yo que estaba en el lugar equivocado".

Prole. El festejo en honor a los hijos lo inauguró Bebeto, en USA 94, después de anotar ante los holandeses y salir a festejar meciendo los brazos en forma de cuna. De nuevo, como en el caso del 'Piojo' López, la celebración original despertó la ternura en todos los espectadores. Y también, de nuevo, jugadores de todo tipo se decidieron a copiar mecánicamente esta celebración.
La etiqueta en este punto resulta sencilla: si no tiene hijos menores de un año y su señora no está embarazada, absténgase de celebrar goles de esta forma. Resulta de pésimo gusto ver a jugadores arrullando una cuna imaginaria en honor al hermanito que se acabó de graduar de bachiller.

Exaltación del matrimonio. Celebración popularizada por el delantero español Raúl González, quien después de anotar besa su argolla de matrimonio mientras corre señalando en la tribuna a su esposa. Enternecedor como puede resultar esto gesto, resulta francamente desesperante en jugadores solteros, en trance de separación o que están en su cuarto matrimonio.

Norma única para el gol del compañero
En el gol del compañero la etiqueta es estricta: solo se admite correr a abrazarlo si usted es Maradona y el que hizo el gol Caniggia, besarlo apasionadamente en la boca por 3 ó 4 minutos.
Parecería una verdad de Perogrullo, pero es necesario subrayarla: nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, esté en el Maracaná o en la cancha del Olaya, juegue para la Juve o para Tornillos Gutemberto, ose usted adelantar una celebración particular de cuenta de goles de un compañero: guárdese el doble salto mortal para otra ocasión y gástele llamada a su novia por la noche si no pudo levantarse la camiseta para saludarla pero no caiga en la imagen patética de mendigar migajas de atención convirtiéndose en una especie de ladrón de la gloria ajena.

Aunque estas normas no aseguran el comportamiento ideal al momento de festejar un gol, al menos dan unas líneas generales para evitar convertir los partidos de fútbol en ferias de felicitaciones, saludos y abrazos gratuitos propios de un coctel. Que sea la emoción espontánea de anotar un gol la que gobierne las celebraciones de los jugadores y dejemos los festejos artificiales y preparados para las entregas de los premios TV y Novelas.

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