1. Entré a la cancha pensando que Nadal no era el mejor del mundo sobre tierra batida, sino que simplemente enfrente estaba un ser humano con un gran talento, pero también con debilidades en su juego, escasas por cierto, que se podían aprovechar.


2. La virtud principal para vencerlo es la precisión. Por naturaleza, Rafa es un jugador con una potencia física formidable. Es veloz y defiende cada bola como si fuera la última. Es fundamental arriesgar todo el tiempo para evitar que tome el control del juego. En Roma tomé la decisión de ser agresivo desde el primer game y me fue bien.

3. Lograr un buen porcentaje de efectividad de primeros saques es clave también. A él le incomodan los saques altos y con mucho efecto porque su devolución pierde potencia. Cuando uno falla el primer servicio, las posibilidades de que Rafa tome la iniciativa en el segundo saque aumentan, y eso es muy peligroso.

4. La mejor manera de atacarlo es generándole juego sobre el revés, que es su golpe menos brillante. Es una táctica difícil, ya que Rafael tiene una capacidad única para trasladarse y pegar el drive invertido. Por eso hay que jugarle bolas a las líneas y bien abiertas, siempre intentando evitar su derecha.

5. Cuando uno tiene a Rafael Nadal del otro lado de la red, los puntos hay que ganárselos, porque difícilmente comete errores no forzados. Es, sin duda, el jugador que mejor defiende en todo el mundo y su especialidad es mandar todo el tiempo desde el fondo de la cancha. Hay que apelar a toda la paciencia y fortaleza mental para enfrentarse a un verdadero frontón que devuelve una y otra vez todo lo que le tiran.

6. La red quizá sea la zona de la pista que menos visita Rafael. Es evidente que la volea no es su fuerte, por eso siempre es bueno atraerlo hacia ese sector con drops shots. Claro que deben ser sorpresivos y precisos. Muchas veces el abuso de ese recurso hace que Rafa anticipe la jugada con facilidad.

7. El hecho de haber desplazado a Federer presupone una presión extra para Rafa, ya que todos los jugadores dan su mejor esfuerzo para ganarle al número uno. Esa experiencia me tocó vivirla en el año 2003, cuando llegué a lo más alto del ranking, y puedo asegurar que no es fácil manejar la situación. El desgaste que soporta el número uno es un elemento que se debe tener en cuenta, sobre todo en el juego de Nadal, que depende mucho de su estado físico.

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