Las caricias hechas con todo el amor son lo más excitante. Creo que es mucho más placentero todo el preámbulo que el acto en sí. Por eso prefiero la privacidad. Eso me da la posibilidad de disfrutar de un mejor ambiente que, sin lugar a dudas, influye definitivamente en el juego que pueda tener con mi pareja... Velas, luz a medias, esencias. No creo en tapujos, me gusta ver, oler sentir, explorar, por eso lo que hay a mi alrededor es superimportante. Creo que el cuerpo es uno de los regalos más hermosos que nos ha dado Dios y que es ese vehículo que todos usamos para llegar a tener un orgasmo. Hacer el amor tiene que ser igualmente hermoso. Pienso que es algo absolutamente poético y así mismo son las fantasías que ayudan a que esos momentos sean más que agradables. El aroma de un perfume, un lecho blanco cubierto de rosas, un escote bien llevado te puede tener en vilo toda una noche. La lista de posibilidades es interminable. ¿Qué me haría fingirlo? Qué jartera: si no se da, no se da... Pienso que cuando se está llegando al clímax es imposible parar, a no ser que tus niños te quieran tumbar la puerta del cuarto. ¿Filmarme? ¡Ja! ¿Acaso soy boba? Dar papaya dos veces me convertiría en la más tonta de todas. Ese lío con el video que alguna vez hice y que terminó en las manos equivocadas, debo reconocer que me dejó muy prevenida. Por eso, mi respuesta hoy a esa propuesta de filmar mis momentos de mayor placer es un ¡NO! contundente. Escogí la piscina como escenario de mi orgasmo ideal porque para mí el orgasmo, más allá de ser algo físico, es como si una fuente de agua estallara dentro de mí.


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