1. Recurra a los elementos de comunicación para notificar su situación y ubicación. Si no los tiene, use luces de bengala o el espejo de detección que refleja el sol en su superficie y bota un destello claramente visible a gran distancia.

2. No abandone el barco a menos de que se esté hundiendo y si no tiene un bote salvavidas y es absolutamente necesario meterse al agua, hágalo gradualmente para evitar calambres. De ser posible, lleve consigo agua dulce.

3. Nade hacia un refugio cercano, también de forma regulada, tratando de ahorrar energía, pero si no divisa la tierra intente flotar con las piernas juntas, los codos pegados a los costados y los brazos cruzados sobre el pecho. Esto sirve para no perder mucho calor corporal. Nunca, nunca se quite el salvavidas.

4. No se le ocurra tomar agua marina. En vez de hidratarse, se va a deshidratar más.

5. Proteja su rostro y su cuerpo para evitar una insolación.

6. No use joyas que resplandezcan ni ropa de colores brillantes y si tiene alguna herida cúbrala para evitar atraer tiburones. Si se le acerca uno quédese lo más quieto que pueda hasta que se aleje, pues generalmente lo hacen por curiosidad y no para saciar su apetito. Si el ataque es inminente, golpéelo en los ojos, el lugar donde más dolor sentirá, con lo más contundente que tenga a la mano. Esto hasta que logre espantarlo.

7. Aunque sepa que una persona puede sobrevivir solo tres días sin agua y hasta ocho sin comer, y estar a la deriva en mar abierto sea una situación en la que no hay mayor cosa que hacer, mantenga siempre las ganas de sobrevivir, pues en cualquier momento aparecerá tierra a la vista, un barco o unas aves que le den pistas de hacia dónde nadar. Ya en la orilla tendrá que buscar ayuda o, de lo contrario, convertirse en todo un Robinson Crusoe.

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