Es mi equipo amado y siempre lo será, pero con ello no puedo ocultar nuestra historia plagada de desaciertos y contradicciones que se basan en la simple paradoja de que es el club que menos rivales necesita porque su propia afición da más miedo al local que al visitante. Encuentran muchos más fácil intimidar al de verde, que ven cada quince días a lo sumo, que al del otro equipo.

Institucionalizamos el “Venga a Cali, trote, cobre y váyase”; plan al que tuvimos como último abonado a Cornejo quien buscó en Pance refugio al escándalo de haber celebrado el gol de Luis Tonelotto en Universitario Deportes de Perú besándole en la boca.

Cuenta entre sus ilustres contrataciones a otros de la talla de Carlos Pavón, el mismo que jugó al lado de Beckham en el Galaxy; Obdulio Trassante, paradigma de lo que significa ser tronco; y el “Goyo” Pimiento, primer jugador en inaugurar el pague uno lleve dos cuando Redín fue vendido a Bulgaria. Deportivo Cali, club donde Norberto Ortega Sánchez llegó a marcar hasta 2 goles. Equipo que para contratar al “Teddy” Orozco, al “Misio” Suárez y a Miguel Oswaldo González tuvieron que convencerles de aplazar por una breve temporada su retiro. Es el que compró del Unión al delantero centro Guillermo “Efectividad” Serrano le colgó la 9 y lo jubiló años después con la 5 como Guillermo “Voluntad” Serrano y de defensa central. El mismo club que al poco tiempo de vender al Pibe a Francia compró a Misael Avila del Pereira porque se le parecía físicamente y hasta la 12 le puso.

Ese es mi Cali, el que en 1962 pasó de sufrir la peor goleada encajada en su historia (7-0 contra Millos) a su mayor goleada a favor (9-0 al Pereira) en tan solo una semana.

El único equipo colombiano que ha tenido a un entrenador campeón del mundo, con quien fue el primer finalista de la Libertadores. Único equipo colombiano que ha compartido entrenador con el Milán, el conjunto europeo con mayor número de trofeos internacionales oficiales: Oscar W Tabarez, quien aparte de no lograr ganar nada con ninguno de los dos, fue contratado por el Cali justo después de ganar la Copa Libertadores con Peñarol al América.

Logro idéntico en la hoja de vida de José Yudica, campeón de Copa Libertadores en el 85 con Argentinos Juniors. Así el Cali contrató, entre 1988 y 1990, a dos de los entrenadores responsables de las tres finales seguidas que perdió el América. Momentos que se conservan con una sonrisa en la memoria.

El Cali es el original equipo pavo, pues es el más veces subcampeón y es el que más nuevos campeones ha bautizado desde ese segundo escalón (Millonarios, Unión, Junior, Tolima y Pasto).

No deja de ser irónico que el equipo a quien Pardo Llada llamaba tanto por la radio desde los 70 como el “equipo amado” sea uno de los más odiados, pero por sus ex jugadores y entrenadores. Tanto que alguna vez se debería confeccionar el once del resentimiento. La 10 seguramente la tendría Ciciliano, objetivo verde durante años y responsable de que el Cali llegase a disputar la final de su último título para luego terminar vendido por una ínfima parte de su costo. Los delanteros serían Aristizabal, quien quisiera sacar de su hoja de vida que el único otro equipo colombiano en el que jugó fue en el “Green Team”. Su compañero arriba sería Leider, que terminó peleado con el público, chiflado hasta mas no poder y responsabilizado por un campeonato que se perdió en penales y donde, aunque suene increíble por la cantidad de improperios que sufrió, terminó de Botín de Oro. Único que tiene el “histórico” goleador santafereño.

¿El entrenador? Para eso si hay candidatos. Reynaldo Rueda no debe olvidar que en su primer partido como local al primer cambio que hizo (metió un defensa) se le asomó un socio desde segundo piso a grito herido “éste no es el Cortuluá, bruto!”.

Mi voto lo tendría Pedro Sarmiento, quien en menos de un año accedió a dos finales consecutivas y como premio lo despidieron; obtuvo un título y perdió otro porque un jugador falló un penalti. Al jugador, amén de propagar el rumor de que había pedido prima y por negársela lo había botado, los sabios directivos decidieron cederlo al equipo con el que estábamos disputando en la reclasificación el cupo a Libertadores. Resultado de tan brillante estrategia: Cúcuta por primera vez campeón con Blás Perez goleador y Cali por primera vez fuera de los ocho en campeonatos cortos.

Ese es el mayor problema ahora pues son tan malos los actuales dirigentes, que extraña uno a los pasados. Cuando llegaron les llamaban “Los Cacaos”. La única explicación asumo fue la confusión, dado que el cacao es un fruto con forma de huevo. Ya hasta la mechita nos deja por el suelo, sea con manotazos o con goles, en dos clásicos consecutivos.

Por eso en el próximo partido de local, para ver si cambiamos éste maldito sino, deberíamos de sentarnos de espaldas a la cancha y a la que pierda el Cali, porque pierde con el que sea de local, le gritamos a los dirigentes “Cacaones” que tenemos: Éste no es el Cortuluá, Brutos!

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