De paseo con jóvenes VS. De paseo con maduras

De paseo con jóvenes VS. De paseo con maduras

Dicen que paseo es paseo pero nunca será lo mismo pasear con los papás que con los amigos, con los compañeros de oficina que con la novia y, definitivamente, no es lo mismo irse de paseo con una mujer joven y sus amigos que con una madura y su "parche". Acá un listado de pros y contras de ir con cada una de ellas.


Ventajas de ir de paseo con jóvenes
¿Ha oído ese dicho que afirma que todo hace parte del paseo? Literal. Una joven no le para muchas bolas a la finca, si la lleva en flota o en carro, solo tiene en la mente tierra caliente, piscina y pasarla bien.

Pueden salir cuando sea, si hay que capar clase, inventar excusas, lo que sea, lo hacen, pero no le ponen problema en irse el viernes al medio día, incluso el jueves en la noche.

Las jóvenes no se complican con veinte mil cremas ni pareos de todos los colores. Con un morral les alcanza. Además, suelen pasar el paseo entero con un traje de baño, unos shorts y una camiseta.

Una de veinte tiene todo en su puesto. Sale el primer día a la piscina y queda uno listo, embobado. Más impresionante cuando no las que hacen la primera aparición en traje de baño son las diez amigas juntas, cada una más bonita que la anterior.

Llega una de esas jóvenes a pedirnos que le echemos bronceador en la espalda y tocar hacer un esfuerzo doble para que no nos empiece a temblar el pulso.

Una joven se enrumba hasta con un casette de Shakira en una grabadora vieja, y si toca tomar guaro y cerveza al clima, lo hace sin problema.

Y es que ellas se asolearan de vez en cuando, pero van es a rumbear. Así uno no vaya en el mismo plan, nunca sobra tener un puente de locura para sacarse toda la carga que se acumuló entre semana.

No es una regla pero, ya enrumbadas, a las mujeres jóvenes les da por hacer topless. El desorden lo empieza siempre una y le da por invitar a las amigas (y al resto del paseo) a que se metan sin ropa a la piscina).

Si corre uno con suerte, y se avivó y no lo pillaron, quedan fotos para recordar el momento por siempre.

Todo el mundo se enrumbó la noche antes, se acostó a las 6, uno se despierta a las 8 y tiene la finca para uno solo.


Desventajas de ir de paseo con jóvenes

Llega la hora de arrancar y hay 30 invitados y dos carros, cada uno con un cuarto de tanque de gasolina.

El mercado es 80% trago y cigarrillo y 20% mala comida. En vez de asado, salchichas congeladas; a cambio de noche de barra libre de comida mexicana, sánduches de queso frío en pan de molde.

Quieren que $50.000 les alcance para todo el paseo.

Y claro, como los cincuenta se les acaban el sábado al medio día (el paseo dura hasta el lunes porque es puente) comienzan a pedir plata prestada.

Lo hacen disimuladamente: les quitan los cigarrillos a unos, el trago a otros, pican comida a escondidas en la cocina y le piden minutos de celular a todos.

Porque esa es la otra: tienen un plan prepago pero se la pasan llamando desde otros celulares a los amigos que no fueron, solo para decirles que los extrañan y la están pasando buenísimo.

Una joven y sus amigos jóvenes cogen la piscina de cenicero. Está uno nadando temprano en la mañana y se traga una colilla de la noche anterior.

Al segundo día de paseo, la joven y sus amigas amanecen insoladas (poco sexy eso, en realidad) porque de estreno de paseo se tostaron como si no hubiera un mañana.

Hay hacinamiento en toda la casa, toca entonces hacer cama franca en la sala. Se despierta uno la mañana siguiente por un vaso de agua, se le olvida lo de la cama franca y se va de jeta porque pisó a alguien.

Nunca falta la que se quiere montar en la moto que llevó uno de los del paseo aunque nunca haya montado ni en bicicleta. Se mete a un potrero, se va de frente contra un árbol, termina en la clínica y se tira el paseo de todos.

Ventajas de ir de paseo con maduras

El mercado es a todo dar: lomo, paté, tres tipos de lechuga para la ensalada, cerveza importada y hasta raclette para hacer fondue. 

Un detalle pequeño, pero importantísimo: no meten los cigarrillos en la vaca del mercado, porque tienen la sensatez para entender que una vaca es comunal y no todo el mundo fuma. Quien quiera fumar, que pague los suyos.

Una mujer madura sale temprano, para aprovechar el día: sábado ocho de la mañana. Sale puntual y regresa a la ciudad el festivo temprano.

Cero hacinamiento, cero incomodidades. En la finca hay tendidos limpios, más cuartos que invitados y tres personas contratadas para que ayuden con la cocina y el aseo.

En el paseo se puede uno sentar a hablar, a tomar trago pero relajado: buena música, buenas picadas, buen whisky. No todo tiene que ser tomar hasta reventarse y empujarse unos a otros borrachos a la piscina.

Puede uno lucir la pinta veranera que compró afuera porque una mujer madura sí se fija en esos detalles.

No se sabe cómo hacen, pero una madura siempre luce bien y huele mejor así afuera esté a 40 grados centígrados.

Y saben controlar los insectos. Todo el que va a tierra caliente saben que los mosquitos se lo van a comer vivo, pero, extrañamente, a todos se nos olvida llevar repelente. Paseo con una mujer madura está lleno de tarros de repelente.

Está bien que las mujeres jóvenes tengan lo suyo y puedan exhibir su cuerpo, pero una madura con buen cuerpo es una maravilla.

Las maduras hacen topless pero a plena luz del día porque “odian las marcas del bikini”. No se ve mucho porque se tiran boca abajo, pero después puede uno recrear el momento viendo las fotos en su Facebook.


Desventajas de ir de paseo con maduras

Puede llegar uno a aburrirse demasiado así la finca sea espectacular porque hay maduras que se pasan de calmadas: se broncean y leen todo el día, comen a las ocho de la noche y se acuestan para repetir la misma rutina al día siguiente.

Se despiertan a las seis de la mañana y desde temprano quieren ir al pueblo. ¿A qué, si en un pueblo no pasa nada?

Si nadie les sigue la corriente, se dedican a bajar frutas de los árboles, y esperan que uno les siga la corriente. Para frutas, ahí sí ir a la tienda del pueblo.

Las maduras están obsesionadas con broncearse, nadie entiende por qué. Y si uno, que le gusta el sol de a poquitos, quiere estar con ellas, no tiene de otra que quemarse la piel a la par de ellas.

Llevan equipaje como si se fueran un mes a Asia, cuando en realidad se van es tres días a Melgar.

Pero eso no es lo peor, lo imperdonable es que lo ponen a uno, que fue con un solo maletín y le sobró espacio, a cargarles las maletas.

Salen a la piscina el primer día y están más arregladas que Kate Middleton el día que se casó: pava, pareo, gafas Chanel, bikini de medio millón de pesos. Lo hacen a uno sentir, y quedar mal porque no ha cambiado de pantaloneta en dos años.

Llevan una constelación de cremas, cada una con una función diferente: bloqueador para la piscina, para afuera de la piscina, especial para la cara, bronceado, crema humectante.

Y el colmo es que no solo son felices aplicándoselas ellas, sino quieren que uno se unte a la par. Siguen siendo solteras pero ejercen ya su instinto maternal.

Para la madura que no tiene buen cuerpo, salir a la piscina es todo un tema: lo hace en traje entero o en camiseta. Y si se pone bikini, sufre montones por el gordito lateral. “El piscinero”, le llamamos. Debería ser al revés, ningún lugar mejor para lucir “El piscinero” que en una piscina. 

INFORMACIÓN COMERCIAL

¿Tienes algo que decir? Comenta

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

×

Ventana Login

×

Ventana Registro

×

Ventana Intro

×

Términos y condiciones

×

Ventana Modal

×