La mayoría de las personas, sobre todo las marmotas inanes y los impávidos mamíferos, confunden cualquier maldita cosa con amor y lo aplican sin criterio alguno a sus descriteriadas vidas. Las giardias que se pasan horas en el gimnasio intentando definir sus músculos tienen como objetivo triunfar en la vida, el lío es que el concepto de vida es más claro en la mente de una gallina que en la de estas giardias. Sólo un subnormal podría llamar amor al sentimiento obvio y sobrevalorado que produce sonsonetes en serie para focas amaestradas. Sólo los muy estúpidos están llenos de todo y vacíos de nada. La máquina de moler sesos del consumo generalizado nos ha reducido a muñones serviles que responden a estímulos que hasta un perro drogado rechazaría. ¿Qué clase de giardia mutante es capaz de entrar a un almacén para comprar tarjetas llenas de frases blandas y previsibles? ¿Qué clase de infragiardia acepta con una sonrisa esas tarjetas? Por supuesto, en el melodrama planetario las giardiasregalatarjetas y giardiasaceptatarjetas se besan empobreciendo aún más este puerco mundo.

Las corporaciones que rigen nuestra existencia carecen de toda humanidad, son asépticas y se alimentan de estadísticas; este tipo de realidad que algunos llaman ingenuamente “mi vida” ha sido creada por esas corporaciones para atiborrarnos de cosas innecesarias, sobre todo el amor cretino y almibarado de los melodramas, las flores y las falsas promesas. Más allá de esa realidad todo es oscuro, vital y exigente; sin embargo, las marmotas y mamíferos usan el amor liviano de las corporaciones como coartada para el sexo. Las marmotas masculinas temen al sexo, pero lo necesitan para combatir su insignificancia. El sexo es una droga como el alcohol y la cocaína y a menudo crea dependencia. Las marmotas femeninas usan el sexo para tener un espacio en la realidad masculina porque son incapaces de tener una realidad propia y unidimensional. Platón escribió que el amor es un mito del alma. Siglos más tarde Stendhal sugiere que el amor es una enfermedad del alma. Borges por su parte asegura que amar es inventar una religión cuyo dios es falible. No son frases de tarjetas porque se refieren al amor como una fuerza intelectual y espiritual; leer basura de autoayuda o confundir sonsonetes con música rebaja al mínimo nuestra dignidad humana. Esas cucarachas infladas, engrasadas y mediatizadas limitan nuestra visión periférica de realidad. Consumiendo basura nos convertimos en basura.

El amor no es un arquetipo industrial, se trata de una magnífica invención de los sentidos cuyo objetivo es destrozar los esquemas de la realidad corporativa. Quien de verdad te ama debe ampliar tus posibilidades de búsqueda, pero los mamíferos y marmotas llaman amor a esas crisis posesivas que sólo dejan aversión. El macho cierra el cerco en torno a la hembra, la hembra defiende con uñas y dientes el territorio. Y las corporaciones producen caca romántica que habla de fidelidad y traición como si la fidelidad como propósito no fuera una traición en sí misma. Siempre he despreciado la baba previsible del amor corporativo que proclama un jardín donde cantan los ruiseñores y "viviremos juntos para siempre". En la adolescencia vomité esa densa mermelada que me retorcía las tripas, sufrí y me desprecié, por eso sé que el dolor es un placer inolvidable. El auténtico amor no se extingue en el tiempo o la distancia porque su razón de ser es desequilibrar y complicar el concepto de tiempo y distancia. Pero los mamíferos sólo dicen amor para conseguir follar y afirmarse y las hembras se preparan ante el espejo, con todas las sustancias que las corporaciones producen, para salir y ofrecerse al mejor postor o lo que ellas suelen llamar "el hombre adecuado". Pavese escribió que hacerse amar por piedad cuando el amor nace sólo de la admiración es una idea muy digna de piedad. Fue el amor, visto como concepto de libertad, lo que nos sacó del Paraíso. Pero cada marmota sueña con regresar allí.

Te imaginas lo ruin que debe sentirse alguien para buscar su complemento en otro. Nunca en mi larga, vibrante y desnivelada vida me he sentido incompleto; he buscado y busco en la mujer un diálogo ulterior que cree una realidad alterna y nos permita alejarnos más y más del frío e insípido Paraíso. Cuando amo a una mujer atravieso su cuerpo para llegar a su alma. Sin el alma el cuerpo no pasa de ser estúpida y sonza biología. El amor no es el comienzo ni el final de nuestras ensoñaciones y delirios, se trata de un elemento dinámico y debemos actuar en consecuencia.



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