Durante la Feria del Libro de Bogotá en 1994, la cual tuvo como país invitado a la República Argentina, uno de los eventos más significativos fue la mesa redonda sobre humor gráfico que contó con la presencia de Quino, Fontanarrosa, Caloi (si mal no recuerdo) y Pepón por Colombia. Los cerca de 500 individuos entre adultos, viejos y niños que tuvimos el honor de asistir a ese histórico encuentro, nos divertirnos durante dos horas y además aprendimos miles de cosas valiosas escuchando las respuestas magistrales y llenas de agudeza de cada uno de los dibujantes.
 
Personalmente, entendí muchas cosas sobre el pueblo argentino. A través de las voces de estos tres grandes exponentes del humor, comprendí que los argentinos tienen de qué creerse: además de tener varios de los mejores futbolistas, escritores y creativos publicitarios del mundo, tienen varios de los mejores humoristas del planeta. Muchas cualidades permiten a los argentinos sobresalir en diversos campos, pero en el caso de estos tres, una en especial los hace aún más grandes, la sencillez. Qué tipos tan cálidos y tan sencillos, como para invitarlos a tomar onces a la casa.
 
Durante dos horas, estos tres pensadores australes nos barnizaron con una sencilla dosis de ingenio y de generosidad a la hora de compartir sus conocimientos. Los asistentes se peleaban por interrogar a los progenitores de sus héroes dominicales levantando desesperadamente sus manos. Lanzaban preguntas de todo tipo, a veces a los cuatro participantes, a veces solo a uno. Yo también necesitaba hacerles una pregunta, pero dudaba que en ese mar de extremidades superiores que se extendía frente a mí pudieran si quiera verme. Recordé entonces, que en mi bolsillo traía un llamativo esfero rojo, que me había regalado mi hermano de cumpleaños, días antes. Lo tomé entre los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda y lo levanté. Pensé que desde el punto de vista de los 4 dibujantes, se verían cientos de manos levantadas y un brillante artefacto rojo. Cerca de media hora batí la mano izquierda como un mosquetero, esperando llamar su atención pero fue inútil. Tan solo la risa que me producían sus respuestas lograba distraerme del calambre que empezaba a apoderarse de mi brazo.
 
Varias preguntas dirigidas a Quino giraron en torno a Mafalda. Ese día me enteré por boca de su propio creador, que la sopa era una alegoría de la dictadura argentina, y por esto la pequeña filósofa de pelo tupido, tanto la aborrece. Le dieron la palabra a un niño que levantaba con ánimo su manita y preguntó - ¿Cómo pintan ustedes? - Quino, antes de responder, dijo ¨ Las mejores preguntas siempre las hacen los niños ¨. A estas alturas yo ya no sentía mi brazo izquierdo, pero me negaba a bajarlo. Nunca antes había visto a Fontanarrosa y me llamó la atención que la expresión de su cara era similar a la del escritor Salman Rushdie. Los dos tienen ese gesto entre diablesco, picaresco y burlón, que perfectamente los convierte en creadores de versos satánicos o de personajes como Boggie el Aceitoso. Sin embargo, noté también que detrás de esa cara de bufón perverso, Fontanarrosa tenía algo de niño. Se reía como niño, disfrutaba como niño y nos estaba haciendo ser niños de nuevo con sus respuesta. A pesar de la luminosidad de mi esfero, el grupo de pensadores seguía sin darme la palabra. Me sentía como la estatua de la libertad. Ya mi brazo estaba a punto de desplomarse cuando el buen negro Fontanarrosa, con su ceja encaramada tuvo a bien notarlo. ¨ A ver vos, el del objeto luminoso en la mano ¨. Agradecí la deferencia del negro y aprecié finalmente el regalo de mi hermano, a pesar de que todo el auditorio me miró como si yo fuera Luke Skywalker. Mi pregunta fue sencilla. No quería descrestar a nadie, solo quería saber qué consejo le darían estos cuatro maestros a un joven que quería ser humorista gráfico. Recuerdo casi de memoria la respuesta de Quino: ¨ Estudiar. Entre más sepa uno de todo , entre más cultura tenga, más elementos tendrá para poder crear y hacer humor. Por eso me arrepiento un poco de no haber estudiado una carrera ¨ dijo. Me pareció una gran respuesta, cargada de humildad, sobre todo viniendo de un genio de su talla. Las respuestas de Caloi y de Pepón desafortunadamente las olvidé, pero la que recuerdo exactamente como un momento lapidario, fue la respuesta del negro Fontanarrosa.
 
Y creo que fue justamente porque no fue una respuesta. Resultó ser una pregunta. Como buen pensador, el negro emuló a Sócrates (el griego) y a su método de enseñanza, la Mayéutica (que consistía en estimular al discípulo a encontrar las respuestas dentro de sí mismo), y me dijo: ¨ ¿Qué es lo que tenés en la mano? ¨ . Hubo un segundo de silencio. Quizá dos. Luego vino un aplauso. No sé si todo el mundo entendió la respuesta como yo, pero para mí fue bastante clara. Si pudiera ponerlo en otras palabras sería: ¡Dibujá! Dibujá como un desenfrenado, despellejá ese esfero luminoso, y cuando no le quede tinta, seguí dibujando con el cabo. Comprá más esferos aunque no sean luminosos y despellejálos. Dibujá, dibujá, dibujá hasta que se encalambre tu brazo, hasta que te suden las manos. Dibujá, gastá esferos, gastá tinta, gastá dedos. Dibujá en agendas, en tableros, en el álgebra de Valdor, en tu diario, en los diarios, dibujá en la mente y en las ventanas. No parés ni un día de dibujar. Dibujá inspirado, dibujá medio inspirado, dibujá sin inspiración, dibujá para que la inspiración te dibuje a vos. Dibujá dormido, dibujá en cine, en teatro, incluso en fútbol dibujá. Dibujá en clase, dibujá en recreo, dibujá en las latas polvorientas de los buses, en la arena, en la mano. Si resultás con un kilométrico en tu bolsillo que no es tuyo, pues andá, gastálo contra cuaderno de dibujo hasta que no le quede metal en la punta ni marca en el lomo. Entrégate al dibujo como se entrega un defensa de Rosario Central cuando vamos perdiendo 4 a 1. Observá y dibujá. Dibujá y sonreí mientras dibujas. Cagáte de la risa vos primero, y luego mostrá lo que dibujás. Solo así se llega a ser un buen humorista gráfico. Eso, más o menos, creo que fue lo que me quiso decir el negro con su pregunta. Con su respuesta.

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