“Venda ese closet mijo que ya no le sirve pa’ nada”, me dice un buen amigo cada vez que se toca el trillado tema de los gays. Lo peor (o lo mejor) es que tiene razón. Pocos de los que me rodean deben desconocer todavía mis “ya no tan escandalosas preferencias sexuales” debido en parte a la manera en que decidí cambiar la compañía de zapatos, pantalones, camisas y cosas viejas por la mía propia.

Aunque en tono intelectualoide, y por consiguiente aburridor, algunos criticaron el que yo anduviera por ahí hablando sobre mi vida y mis gustos (“es el reflejo de la iglesia católica, usted no tiene porque confesarle nada a nadie”), no puedo negar que contarle a mis amigos más allegados fue algo tranquilizador y, en algunos casos, divertido.

Es curioso observar la diversa gama de respuesta con las que uno puede encontrarse, o estrellarse, en el mencionado camino. Aunque parezcan absurdas gran parte de ellas aún se escuchan de las ingenuas, comprensivas, tolerantes y hasta ignorantes bocas de muchas personas que nos rodean.

En principio, es curioso recordar todo el coraje que se tuvo que acumular para poder comprender y aceptar la realidad para que luego, en medio de borracheras o ratos de fraternidad, se escucharan frases como:

- ¿Pero… usted está seguro?
- ¿Y usted cómo sabe?

Y ni hablar de aquellos que con una lógica bastante particular responden con expresiones como:

- Pero cuénteme, ¿desde hace cuánto es gay?
- Pero, dígame una cosa: ¿usted se ha comido una “chocha”?
- Pero si no se ha comido una “chocha”, ¿cómo sabe que es homosexual?

En el extremo opuesto, y ridiculizando sin intención toda la solemnidad que en ocasiones se intentaba poner a este momento de la verdad, no faltaron amigos que desbarataran todo el acto ceremonioso y respondieran con sinceras y, en aquel entonces, sopresivas palabras:

- ¡Qué chévere! Yo siempre había querido tener un amigo gay
- ¡Qué bueno! Le voy a presentar un amigo
- Entonces, el que vino el otro día con usted….. Uy Qué desperdicio
- ¿y?

Otros, tal vez los más desconcertantes, lloraban y lloraban mientras uno como imbécil trataba de explicar que todo estaba bien. Lo confieso, las dos primeras veces me abrí entre lágrimas pero luego era bastante difícil consolar un llanto que uno realmente no comprendía. “Pero, yo estoy bien, yo estoy contento así” respondía uno estúpida e inútilmente ante los demasiado empáticos amigos que decían:

- Lo que más me duele es que sea el último en saberlo (el cuarto)
- No estoy triste, la verdad no sé por qué estoy llorando
- Y yo que pensaba que usted era el hombre ideal para una mujer

Aunque no todos eran tan comprensivos: hubo uno que lloró de rabia (o terror) mientras pegaba puños a las paredes “No puede ser, no puede ser, no puedo aceptarlo”. Los comentarios que surgieron ante tan inesperado incidente prefiero reservármelos. Partí del lugar, no se si por elemental mamera o por miedo a que me confundieran con un muro de ladrillo.

Tampoco faltan los que en momentos de extrema solidaridad comienzan a preocuparse por nuestra vida y que en ocasiones se vuelven bastante incómodos.

- ¿y en tu familia saben? ¿y en el trabajo? Noooo, terrible, ¿qué vas a hacer?
- ¿Y si consultas un sicólogo?
- Recuerda que debes cuidarte mucho, tú sabes el Sida, las enfermedades…

Otros, inclasificables, derrumbaban todo el discurso que se tenía preparado para el glorioso momento:

- Y yo juraba que estabas enamorado de mí
- No le creo. Usted me está mamando gallo
- No hable. Yo también pero nadie sabe (vox populi en la ciudad)
- Igual yo ya sabía

Algunos que aún no comprendo:

- ¿Y usted no puede esperar a que nos muramos para tener algo con alguien? (mi madre)
- Yo sí decía que a usted lo que le faltó fue correa (y lo dijo un amigo)
- A mí me parece que eso del homosexualismo es como una moda

O los infaltables heteros que se consideran irresistibles ante los gays:

- No me diga. ¿y usted nunca se ha fijado en ninguno de nosotros?
- ¿Y cómo le gustan? No me cuente que parecidos a mí.

Aunque ya no practico este agotador ejercicio, en parte porque la voz ya se corrió entre todos mis conocidos y porque cuando quiero evidenciarlo sencillamente hago un comentario que los muestre intrascendental, quiero expresar a los hetero-lectores una sugerencia: No hay respuesta correcta. Ninguna se espera y todas, para bien o para mal, causan conmoción. No se desgasten. Digan lo que primero se les ocurra y aporten un punto a la interminable lista que se resume aquí.

Y para finalizar, la ganadora de ganadoras, la más aburridora, trillada, sosa y estúpidamente diplomática respuesta:

- Lo respeto pero no lo comparto



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