7. Comencemos por Sexorcismo, de Isabella Santo Domingo: cabría recordarle a la diva criolla el refrán "zapatero a tus zapatos", si supiéramos cuáles son sus zapatos: la doña hace de todo y, claro, todo le queda a medias.
6. Uribe de carne y hueso, de Paola Holguín y Carolina Escamilla: es más hueso que carne. Un libro arrodillado y complaciente.
5. Los salmos de la sangre, de Luis Barros Pavajeau: se supone que recoge testimonios de distintas personas con sida, pero todos hablan idéntico. Además, es de un moralismo velado que resulta ofensivo.
4. Hot hot Bogotá, de Alejandra López: presenta una protagonista prejuiciosa, anticuada y conservadora que nos quieren hacer pasar como progre y liberada, en una Bogotá de cartón paja.
3. Y ahora lo mejor de lo peor: medalla de bronce a Necrópolis, de Santiago Gamboa, que quiere pasar por novela pero es una colección desarticulada de anécdotas donde participan personajes pretenciosos y bobos. No sé quién fue el jurado del premio que se ganó, pero sí sé que no se merece ni un centavo de los 100.000 dolaretes que le dieron.
2. Plata para No es una historia de amor, de Jaime Espinal, porque las telenovelas definitivamente no son novelas aunque vengan impresas y empastadas.
1. Y oro (clap clap) para Buda Blues, de Mario Mendoza: increíble que un autor con recorrido crea que puede meternos el dedo a la boca y decirnos que unos personajes se cruzan e-mails de cuarenta páginas, encima llenos de consignas contra los vicios de la modernidad.