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Publicado 2010-02-12

Carta abierta al padre Jesús Hernán Orjuela, alias ‘Chucho’

Por Daniel Paéz

Antes de escribirle esta carta pensaba que usted era un telepredicador cualquiera, mitad santurrón mitad payaso, con la precariedad adicional de los elegidos por Colombia es Pasión y el carisma implícito de ser tocayo de Hernán Orjuela.

Carta abierta al padre Jesús Hernán Orjuela, alias ‘Chucho’.
Antes de escribirle esta carta pensaba que usted era un telepredicador cualquiera, mitad santurrón mitad payaso, con la precariedad adicional de los elegidos por Colombia es Pasión y el carisma implícito de ser tocayo de Hernán Orjuela. Entonces vi su página en Facebook y encontré este perfil: "Para alcanzar al mundo entero Dios escogió a un sacerdote colombiano nacido en el Tolima, tierra firme. Con la sencillez de un verdadero apóstol y la sabiduria de un maestro, el padre Chucho acoge a la oveja que busca amor y RCN es el canal que facilita esa labor apostólica en el mundo entero".

A ver, padrecito, ¿usted es tan sencillo como para autoproclamarse el escogido por Dios? ¿Desde cuándo Dios necesita alcanzar al mundo entero? ¿No que estaba en todas partes? ¿Usted es tan sabio como para escribir sabiduría sin tilde y redactar como niño de quinto de primaria? Si una perra, un sapo, un mico o una mula necesitan amor, ¿usted no los acoge? ¿Gracias a RCN está convirtiendo al catolicismo a los aborígenes de Tasmania —que, por ser una isla, no es tierra firme como Tolima?

Le iba a pedir que no volviera a mojar pantalla porque está claro que carece de talento para cantar —aunque haya vendido más discos que Amparo Grisales—, que es un pésimo presentador y combina la elocuencia de Laura Acuña con el amarillismo de Laura Bozzo, que siempre está dispuesto a ganarse unos pesitos extras con un servicio de consejería espiritual a través de mensajes de texto y que hizo voto de pobreza pero votó en blanco. Y eso es apenas lo que uno alcanza a ver cuando le toca aguantarse sus programas en las salas de espera: un lamentable espectáculo con los chistes de Prudencio —una marioneta que despidieron del Club 10 por fea— y unos dramatizados que harían sonrojar a los productores de Decisiones. Ahora usted, además, resultó tener ínfulas mesiánicas, con una arrogancia que parecía reservada para el presidente de la república.

Yo sé que la gente necesita cura para el alma y que usted y RCN no son los primeros en sacarle jugo a ese negocito: desde el servicio provi(de)ncial de latienditadejesus.com hasta la bonachona charlatanería de su Némesis, el padre Alberto Linero, no son pocos los pastores católicos que se aprovechan de la fe y la ignorancia para ganar más dinero que el que recaudan a la hora de las limosnas. Su caso es más preocupante porque la vanidad lo convirtió en un Juanes con bótox de pobreza: solo le falta protagonizar un comercial de Frutiño o que lo nominen al Grammy. Usted es un actor que recita un libreto, que posa de piadoso cantando "yo creo en el poder de Dios" con los ojos cerrados y actitud extática, cuando su único milagro es facturar más que cualquier otro párroco del país.

Le cuento que me pegué una rodadita por su iglesia para ver en directo el show que sale editado en RCN, de pronto me hacía el milagrito de hacerme creer en usted. Era un bautizo colectivo y la romería superaba fácilmente las dos mil personas; muchos eran bebés y estaban llorando. En su inmensa sencillez y sabiduría, usted les ordenó a los padres de familia "callen a esos niños, ¡esto no es un establo!". Un sacerdote que compara a los bebés con animales no merece más respeto que un tipo que mata a su hijo para no pagar la pensión alimenticia. Pero como estamos en Colombia, la gente hace fila para verlo a usted y marcha para que le den pena de muerte al otro. Por eso, además de pedirle que se retire de la televisión quiero pedirle con esta carta que se quite el título de 'padre' y se dedique a hacer milagros como cualquier equeco.

Y no se moleste en excomulgarme: gracias a que mis papás me dejaban comportar como en un establo, jamás hice la primera comunión.
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