Estamos esperándolos aquí. A los ciegos. Porque no dijeron que van a venir. Que vienen todos los sábados a las dos de la tarde a jugar fútbol. Aquí. A este estadio del sur de Bogotá. Más al sur que los mismos cerros del sur. Allá como que ya están llegando por fin. Vamos. Acerquémonos entonces. ¿Dónde está el sol, Luisa Fernanda? ¿Dónde están los cerros? ¿Dónde están los colores? ¿Qué es verde, Luisa Fernanda? ¿Qué es azul? ¿Qué es luz? Ahí. Ahí donde le señalo está el sol.

Ahí arriba. Y atrás están los cerros. Se llaman Monserrate y Guadalupe. ¿Cree que no sé? ¿Por qué no me mira, Luisa Fernanda? ¿Por qué me habla siempre de espaldas? Yo no le estoy dando la espalda. Estoy pendiente del partido de fútbol. Ahora va a comenzar. Cuando acaben los muchachos que están jugando hockey. Bueno. Míreme entonces. ¿Para qué? ¿Para qué quiere que lo mire? Para verla. Para mirarle la cara. Bueno. Entonces no le doy la espalda. Mire. ¿Qué quiere o qué? Nada, Luisa Fernanda. A mí me parece que si sus ojos hubieran visto serían azules. Pero no se lo voy a decir. Todavía tiene un poco de azul en los ojos. Yo creo. Pero están muy hundidos. O no es azul. Es una nube blanca y delgadita. Como leche con jabón azul. Pero no le voy a decir nada. ¿Dónde estamos, Luisa Fernanda? ¿Cómo vino hasta aquí? ¿Cómo se va a devolver? ¿De qué color es su blusa. ¿Y su pelo? ¿Es que no sabe o qué? Estamos en el velódromo Primero de Mayo. En el 20 de Julio. Todos los sábados a las dos venimos a entrenar. No sé de qué color es mi blusa. No sé qué me puse por la mañana. Lo que había en el cajón. Tengo unas botas de gamuza. Están viejitas pero bueno. Eso sí sé. ¿O cree que no sé? Y jean. Siempre me pongo jean. Cogí un bus con Daniel. ¿Qué cree? Nos vinimos en bus los dos. ¿Y no le da miedo que le pase algo? No. ¿Por qué me pregunta eso? No sé. Qué tal que alguien les quiera hacer algo malo. No. Los únicos que son la embarrada son los sordos. A esos sí les tengo tirria. ¿Y eso por qué? Con ellos siempre es para problemas. Cargan unos pitos que pitan durísimo. Por lo que el oído nuestro es más sensible. Y así nos hacen la guerra. ¿Y ustedes cómo se defienden? Con unas linternas rojas que son fuertísimas. Para encandilarles los ojos. Por lo que ellos tienen los ojos más sensibles. Entonces usted se vino en bus con Daniel. Sí. ¿Ustedes son amigos? Claro. Vivimos juntos hace tres años. ¿Juntos como pareja? Claro. ¿Qué cree? ¿Se casaron y todo? Estamos juntos hace tres años. ¿Y Luisa Fernanda no va a jugar? No. Yo no juego. Eso es ellos. ¿Y cuál es Daniel? Ese que está ahí. Hablando con otros. Allá. Mire para allá. Se llama Daniel Vega. No Daniel Castro. Que es el entrenador del IDRD. Bueno. Voy a ir allá. A hablar con él. Pues vaya. Adiós. Oiga. Espere un minuto. ¿Usted es algo de Víctor Mallarino? Sí. Soy. ¿Usted cómo lo conoce? Pues qué cree. Él es de la televisión. Sí. Yo sé. Por eso le pregunto. Me pregunta qué. Pues eso. ¿Usted por qué lo conoce? No le digo. Porque él sale por televisión. ¿Y usted sabe cómo es él? Pues eso sí no. No sé. No ve que nunca lo he visto. ¿Y Luisa Fernanda no hace deporte? Claro que sí. ¿Qué cree? Tenemos entrada gratis al boditich de la 63 con Séptima. Podemos usar todas las máquinas que queramos. ¿Y ese ruido, Luisa Fernanda? Es mi celular. Espérese a ver. Quién sabe quién era. ¿Y hay teléfonos especiales para ustedes? Sí. Hay unos Nokia. Pero son unas panelas muy feas. Estos son mejores. Uno busca el puntico del cinco y ahí ya sabe. Bueno. Luisa Fernanda. Me voy. Bueno. Váyase.

Sí. Yo soy Daniel Vega. Mucho gusto. ¿Y los otros, Daniel? Cuándo vienen. Ya deben estar por llegar. ¿No me dice que ustedes hablaron con Hermes? Sí. Hablamos con él. Dijo que ya venía. Entonces hay que esperar. Quién sabe dónde estará. Porque uno puede decir que ya va y estar en la autopista con 170. Pues sí. ¿Y si no viene, Daniel? ¿Siempre hay que esperar a que llegue Hermes? ¿Qué hacen si no viene? Pues ahí sí graves. Le cuento. Él tiene el balón. ¿Y cómo es el balón? Es como un balón de fútbol normal. Pero tiene unas camaritas por dentro. Y ahí van unos cascabeles para que suene mientras rueda. Para que podamos saber dónde está. ¿Y por qué no juegan mejor en el pasto? Porque en el cemento se oye más el balón. Es más fácil para nosotros ubicarlo. Por eso lo mejor es la cancha de hockey. ¿Cuándo se va a cambiar, Daniel? Porque él está ahí parado hace rato. Yo no le voy a decir nada. Pero está ahí parado con las dos manos en el bastón. Un bastón de metal que se dobla. Tiene los ojos con lagañitas. No están hundidos. Pero no le voy a decir nada de eso tampoco. Echa muchas carcajadas con lo que yo le digo. Oiga, Daniel, ¿todo lo que le pregunto le da risa? Pero es que usted pregunta muchas pendejadas, hombre. Bueno. Está bien. Entonces dígame ¿cómo se llama el equipo de ustedes? Se llama Valores Humanos. Llevamos tiempo jugando. Hemos ido a Estados Unidos. A Paraguay. A muchas partes. A Perú. Ahí quedamos campeones suramericanos hace cinco años. Hemos ido a muchos países. Hemos ido a muchas olimpiadas. Y ahora vamos para Cali. Al Nacional. Ahora somos subcampeones. Perdimos el título el año pasado con Unión Faca. Huy. Eso sí me dolió. Toca ganar en Cali. ¿Y hace cuánto juega en Valores Humanos? Huy. Hace tiempo. Desde chiquitico. ¿Usted es invidente desde que nació? Yo soy ciego. A nosotros no nos gusta que nos digan invidentes. ¿Por qué? Porque se parece a indigentes. O a insolventes. O a insurgentes. Nosotros somos ciegos. Punto. ¿Y usted por qué es ciego? Porque me dio meningitis cuando chiquito como a los dos años. Pero como no me acuerdo de haber visto nada soy ciego de nacimiento. ¿Y tiene hermanos? Sí. Cuatro. ¿Y alguno es ciego? No sea bruto. Claro que no. ¿Y usted trabaja durante la semana? Sí. Soy asesor de ventas en la tipografía del Inacol. El Instituto Nacional de Artesanos Ciegos. ¿Por qué no les dice allá a los de Semana que nos dejen vender las tarjetas? Esos nunca nos dejan. Son muy avaros. Bueno. Les voy a decir. Pero espere que tengo más preguntas. No. No pregunte más pendejadas. Más bien vámonos cambiando que ya llegó Hermes. ¿Cómo así? ¿Cómo sabe, Daniel? Ahí lo oigo. Ahí va llegando. Mire para allá. Es ese. Yo le conozco muy bien el caminado a Hermes. Don Hermes. Nosotros somos los de la revista. Acabamos de hablar por celular. Sí. Ya sé.

Primero se pusieron todos a trotar en el velódromo. Todos. Gil. Henry. Juan Pablo al que llaman Ronaldo. Porque patea durísimo. Él tiene un ojo cerrado y el otro más salido. El pelo es motilado en capas. Es muy fuerte. Tiene un collar y muñequeras. También estaba Cristian. Luisa Fernanda lo llama Chibolo. Chibolito. Chibolo, le dije. Me llamo Cristian Rojas. Por favor. Bueno. Y llegó una chiquita con Carlos Ortiz. La sobrina que viene a patinar. Carlos se tiró a una piscina en Tocaima hace doce años. Y se golpeó. Por eso quedó ciego. También viene el hijo. Yéifer. Que va a tapar. Todos se cambiaron y guardaron todo en los maletines. Despacio. Poniendo todo con cuidado en cada parte del maletín. Tocando todo con las yemas de los dedos. Y ahí salieron a trotar. Le ponen la mano en el hombro a alguien y así saben por dónde van. Menos Hermes. Él trota solo. Oyendo a los otros. Por dónde van y eso. Trota rapidísimo. Él es el que más tiempo lleva en el equipo de Valores Humanos. Más de veinticinco años. Eso me lo dice Enrique King. Un psicólogo que ha estado con ellos toda la vida. A muchos los conocí pequeñitos. Dice. A casi todos. Todos lo quieren mucho. Luisa Fernanda no quiere que él se vaya para Cali. Al campeonato nacional. Porque ya le toca sacar del cementerio a su hijo que se le murió. Hace dos años. Y no quiere ir sola. Entonces Enrique le prometió que él la acompañaba. Yo no sé si el niño era de Daniel Vega. Pero no pregunté porque no me atreví. Y además en ese minuto ya se paró Daniel Castro en la cancha. El entrenador del IDRD. Empezó a llamarlos a todos. Para empezar el entrenamiento.

Daniel Castro hizo dos grupos. Uno en cada mitad de la cancha de hockey. En una parte se pusieron Carlos Ortiz y Henry y Daniel Vega. Para practicar defensa. Daniel Castro hizo de atacante. Metieron una portería que había afuera en el pasto y Yéifer tapó. Yéifer es el hijo de Carlos y no es ciego. Jugaron con un balón que se oye pero no mucho. Por lo viejo. Lo importante es la posición. Eso lo acuerdan antes de empezar. Daniel Castro les dice cómo se van a parar. Quién va primero y quién segundo y quién de último hombre. O si hacen una línea de tres como hoy. Quién va a cada lado y quién al centro. Ellos tienen que saber eso porque si no se pierden. Entonces Daniel Castro empieza a mover el balón para los lados. Pisándolo. Así ellos saben por qué flanco se va a venir. Movimientos cortos. Movimientos cortos. Les dice Daniel Castro. Para los lados. Siempre lateralmente. Les dice. Ellos hacen eso. A la espera. Aguardando siempre. No se pueden echar para adelante a perseguir el balón. Ahí mismo los sacan. Los eluden y los dejan atrás. Y para ellos no es fácil devolverse. Se les desarma la formación y eso sería fatal. Quedarían desconcertados totalmente. En un partido los llenarían. Los golearían. Bueno. Vamos. Vamos. Dice Daniel Castro. Y empieza a ir de un costado al otro. Muchas veces. Haciendo sonar el balón bastante. Pisándolo. Removiéndolo. Los defensas no le quitan la mirada al balón. Apenas cambia de sitio ellos cambian la posición de la cabeza. Y miran directamente hacia donde está. Saben perfectamente donde está. O dónde dejó de sonar si se quedó quieto. Con toda precisión lo saben. Ellos pueden saber a cada segundo dónde está el balón en la cancha. Daniel Castro no para de correr. Trata de entrar por un lado. Por el otro. Para que todos tengan oportunidad de enfrentarlo. Varias veces. Así veinte minutos. Daniel Castro tiene los ojos verdes como olivas. Podría ser libanés o algo así. Siguen. De repente Daniel Castro se cuela por entre Carlos y Daniel Vega y tira un taponazo al arco. Yéifer no lo puede parar. Gol. Los tres defensas saben que han fallado por el ruido del balón contra la malla metálica que hay detrás del arco. Se quedan callados. Con la mirada hacia el piso. Daniel Castro les da ánimo. Ellos están sudando. Se quitan el sudor con el brazo. Otras gotas les caen a la camiseta. Otras, al piso. Vamos. Vamos. Dice Daniel Vega. Ánimo. Ánimo. Hágale, profe. Dicen ellos. Hágale tranquilo.

En la otra mitad están Juan Pablo y Gil jugando banquitas contra Hermes y Chibolo. Digo. Cristian. Pusieron los arquitos de hockey. Están compitiendo duro. Los cuatro. Chocan duro. No están diciendo "voy". Tienen que decir "voy" cuando van a atacar al que lleva el balón. Si no no vale. Pero no están diciendo. Y además están tirando al arco desde cualquier parte. Cuando hay partido de verdad la cancha se divide en tres. En el tercio de la mitad hay un técnico que los ubica a todos. En el primer tercio el que organiza es el arquero. Que siempre es vidente. Y en el tercio final hay un guía que les avisa a los delanteros que ya entraron a esa zona. Que ya pueden tirar al arco. Hay además un megafonista general y dos árbitros. En el entrenamiento de hoy cuando el delantero logra pasar al defensa tira al arco. No importa en qué punto de la cancha esté. A veces el tiro sale muy desviado. A veces sale perfecto. Apenas el atacante sabe que dejó atrás al del otro equipo dispara. Manda el guamazo. El que está tapando oye venir el balón como meteoro. Rapidísimo. Y levanta los brazos como puede. A veces logra pararlo con la cara. O con el estómago o el pecho. O con los muslos. A veces no. Pero todo esto es porque están entrenando solamente. No están siguiendo las reglas de la AIBS (Asociación Internacional de Deporte para Ciegos). Ni las de la Fedeliv (Federación de Deportes para Limitados Visuales). Juan Pablo es el que tira más duro. Se le ve. Pero hoy no ha logrado. No ha podido meter gol. Hermes tampoco. Hermes le dice a Cristian que salga. Que mejor él tapa. Camina despacio para atrás hasta que toca el tubo de la portería con una mano. Se cuadra en la mitad y Cristian sale. Cuando hay penalti en un partido alguien le pega con una varilla a los dos palos del arco. Para que el que va a cobrar se ubique bien. El penalti es a seis metros. Cuando un equipo lleva más de cuatro faltas cada falta nueva es penalti. Un penal especial a ocho metros. Con esto se asegura que el partido sea entretenido y haya bastantes goles. Bueno. Cristian sale al campo. Él sí mete gol. Apenas sale. Y después le quita el balón a Juan Pablo y otra vez. Tira al arco y mete gol otra vez. A Juan Pablo le da rabia pero no dice nada. Le dice a Gil que salga. Que él tapa. Y le dice a Cristian que bien. Que muy bien. El sol es tremendo. Pasa otra media hora. Todos están juagados en sudor. Yo me paro a un lado. Me aparto un poco de la cancha.

Para verlos a ellos. Para mirarlos con las manos alzadas en mitad del sol calcinante. Miro los cerros. Siento el viento frío. Los jugadores siguen. Levantan los brazos y las cabezas. Se mueven sobre un planeta que no han visto. Miro para la verja. Buscando a Luisa Fernanda. Ella está mirando hacia los jugadores. ¿Qué es el mundo? ¿Cómo es el mundo? ¿Qué es rosado? ¿Qué es lila? ¿Qué es árbol? ¿Qué es cielo? ¿Qué es mar? ¿Qué es la oscuridad? ¿Qué es la vida, Luisa Fernanda Polanía?

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