Los padres de la novia aconsejarán a su hija que no se case con el rufián que dijo: "Es un poco marica esto de pedir la mano, ¿no?". Y el directivo del club pedirá al técnico que vendan a Tegucigalpa al delanterito que, por hacer dos regates de más y querer hacer el gol de "rabona", le sacaron el balón de la línea. En la vida, como en las 5.50, no hay que inventar. Es mejor decir: "Me quiero casar con su hija" y no hablar el resto de la noche, o patear sin adornos, pero con tino, la única pelota limpia que le queda a un delantero en el partido. Ambos se quedarán con el premio mayor. Eso es seguro.

Algunos son recordados en la historia por hablar de más y hacer menos: así le pasó a Hungría en el 54. Era el mejor equipo del universo, le había ganado en el 53 a Inglaterra 6-3 en Wembley y en la Copa del Mundo del 54 le ganaron 8-3 en la primera fase a los alemanes. Los bailaron, pero, ojo, en primera fase. En la final perdieron con Alemania 3-2 después de ir ganando 2-0. Hay que ser prácticos en el fútbol. Si se va ganando 2-0 hay que meter el tercero, el cuarto y el quinto. No se puede dedicar el resto del partido para la tribuna, para los ojos del espectador, porque esos aplausos del hincha por un túnel inoficioso, se convierten en insultos y puteadas porque, por andar pensando en eso, en el lucimiento individual sin importar que se trate de un deporte en equipo, se pierde un juego.

Lo dijo Ricardo Bochini, un crack sin tiempos, el 10 histórico de Independiente de Avellaneda, un tipo que disfrutaba haciendo malabares en la cancha, pero que era práctico: es decir, usaba los lujos como un recurso de juego, no como un rapto de vanidad. Lo dijo un día que su club empató como local 2-2 ante Unión de Santa Fe después de ir ganando 2-0: "Recién cuando uno va ganando 4-0 se puede poner a hacer esas tonterías. Antes no".

Nosotros, colombianos de bien, nos hemos perjudicado por esa bendita costumbre de nunca concretar lo que tejemos: ¿O no comentó Jorge Valdano —otro tipo virtuoso pero práctico como jugador y técnico— que si el fútbol se jugara sin arcos Colombia sería campeón? Nuestra selección es gambeta en el medio (no hoy, siempre), toque lateral, taquitos, sombreros... ¿Y los goles? ¿Cuántos hinchas revisan la tabla acumulada de túneles metidos por su equipo en el torneo? ¿Eso da algún título o al menos entrada a la Copa Libertadores?

Hay que ser práctico hasta para no perder. Una falta para detener una jugada de riesgo en el momento clave puede ser tan importante como un gol. Andrés D'Alessandro, futbolista experto para hacer jugaditas tan bellas como estériles, no fue capaz de dar una patada a un brasileño en la final de la Copa América de 2004. Argentina ganaba 2-1 y era el último minuto, pero D'Alessandro, seguramente para no ser tildado de "rústico" no quiso pegarle a un rival en un ataque de Brasil. Esa jugada, dos segundos después, terminó en el 2-2 (gol de Adriano) y colaboró en la derrota por penaltis de los argentinos. Era darle un puntapié a un futbolista para ganar la gloria. No fue capaz.

Italia sí lo hace. Pega cuando es necesario y es de una efectividad aterradora frente a la portería del adversario (ver Brasil-Italia del 82, Italia-Francia e Italia-Alemania de 2006, entre tantos otros). Alemania, cuando parece superada, da el cachetazo en el momento clave y se come vivos a sus rivales (ver Alemania-Hungría del 54, Alemania-Holanda del 74, Francia-Alemania del 82 y del 86, Alemania-Inglaterra del 90, Alemania-México del 98, entre tantos otros). Estudiantes de La Plata, a punta de efectividad, ganó tres Libertadores…

¡Que vivan Paolo Rossi y Gerd Müller porque sabían que un gol, bonito o feo, valía igual! ¡Que vivan Carlos Bilardo, Hristo Stoichkov, José Luis Chilavert, Oswaldo Zubeldía y Marco Materazzi por saber atacar las debilidades del adversario y ganarles la partida con la mente! Que vivan, porque saben que los fuegos artificiales que sus rivales exhiben en el campo para tratar de humillarlos, terminan siendo para ellos: los ven cuando iluminan el cielo de un estadio repleto en el instante en el que reciben una Copa en sus manos.

¿De qué sirvió el buen juego de Hungría en 1954, Holanda en 1974 y de Brasil en 1982, para muchos los mejores equipos vistos en un Mundial de fútbol? Sirvieron para darle altura a una derrota. Nunca para dar una vuelta olímpica.



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