Antes de casarse, párese en cualquier esquina. Vaya a un centro comercial, a una droguería, o a un café. Y dedíquele el resto de ese día a ver. Eso es: vea. Por la acera viene un gordo calvo que, sin duda, dentro de un par de horas, sufrirá un infarto cuando su mujer le recuerde que esta noche habrá comida en la casa de los suegros, justo a la misma hora en la que jugará Brasil y Colombia por las eliminatorias al mundial. Siga mirando: por la calle, atrapado en su escarabajo del nuevo milenio, pasa un tipo cadavérico de gafas oscuras que discute un problema de vida o muerte con su amigo imaginario, un reclamo que le hizo su esposa por la mañana por haber dejado la toalla tirada sobre la cama. Por allá, por la otra orilla de la calle, un jorobado, con dos niñitos gritones en las manos, camina como si llevara una roca invisible en las espaldas.
¿Qué les pasa? ¿Por qué sudan, por qué hablan solos, porque les duele dar un paso? Porque se atrevieron a dar el paso que durante años evitaron: se fueron a vivir con la novia. Se casaron.
Sus vidas son, ahora, simplemente diferentes. Se voltean a ver a los demás, a verlo a usted, y toda la envidia que son capaces de sentir se les mete en la cabeza. Quisieran ser como usted. Pararse, cuando se les diera la gana, en una esquina. Girar a la derecha sin precaución. Tomarse unas cervezas con sus amigos. Mirar revistas prohibidas o arriesgarse a conocer a una mujer en un bar. Disfrutar toda una tarde de fútbol por televisión un domingo por la tarde, echados en la cama.
Y ya no pueden, sencillamente porque cruzaron la delgada línea que separa la soltería del matrimonio. Si usted todavía no se decide, o si está a punto de hacerlo, recuerde las siguientes señales qué están en juego en el nuevo “hogar, dulce hogar” de cualquier pareja de casados:

El control remoto
Jamás volverá a ver una película, ni siquiera una escena, subida de tono. Recordará esos días cuando su mamá entraba intempestivamente al cuarto de la televisión a las tres de la mañana, y usted, hipnotizado ante la imagen de un par de colegialas muy, pero muy pícaras, cambiaba de canal y fingía que tenía insomnio. No, no más de eso. Ese chiste no va más. Nunca más —óigase bien: nunca— podrá ver los partidos de fútbol que veía. No más Calcio. No más Boca. Tendrá que limitarse a ver, si acaso, los partidos de la Selección Colombia o los de la Selección de Argentina porque a ella Batistuta le parece “divino”.
Cuando ella entre al apartamento, lo primero que pedirá, como gesto de buena voluntad, va a ser el control remoto. Usted se lo entregará porque está enamorado. Y uno, cuando está enamorado, no sabe muy bien qué está haciendo. Pero pronto entenderá: ella quiere ver, todo el tiempo, películas de Julia Roberts y Meg Ryan. Y usted, que antes fantaseaba con ellas —con las dos al tiempo, incluso—, comenzará a verlas como dos preciosas cuñadas.

Las manos
La regla es sencilla: usted pedirá su mano, pero ella se quedará con las suyas una vez comiencen a compartir la vida bajo un mismo techo. Sin darse cuenta cómo, ni cuándo, ni a qué horas, ni por qué diablos, usted se medirá por la destreza de sus manos. No solamente a la hora de sacar plata del cajero para llevarla a la casa y comprar la leche y el pan, sino en todas las actividades de su vida: ¿Cómo se cargan los paquetes de las compras, cómo se empuja el carrito del mercado, cómo se traen las Coca–Colas, cómo se mueven las materas del patio, cómo se traslada un sillón de una esquina a otra? Con las manos. Con sus manos. Cuando uno se casa, siempre tiene algo en la mano: un billete, una boleta, unas llaves. En la calle, los paquetes con las compras de ella. En un parque, la mano de ella.
Sus manos ya no serán sus manos. Serán las manos al servicio de los caprichos de ella.

Dinero
Partamos de la base de que, por un tiempo, usted no querrá hijos. ¿Hijos? De eso sólo son capaces sus papás. Eso sólo pasa en las películas. Muy bien: aún no tienen hijos, ¿pero eso significa que usted tiene todo el dinero que se gana? No, no es así. ¿Recuerda esa época cuando sus papás le daban cinco mil pesos para las onces de toda la semana? Esa época, 15 años después, ha vuelto. Y cinco mil pesos no alcanzan para nada.
Tiene que pagar cuentas. Y suben. Y, si ya vivía solo, descubrirá que gracias a ella la cuenta del teléfono aumenta, el agua caliente se acaba y cuesta más, y siempre hay una luz prendida en la sala. Es cierto: usted se ha vuelto su papá. ¿Quién dejó prendida la luz? Esa es su frase. ¿No hay nada de comer? ¿Hay que pedir hamburguesas a domicilio? ¿No hay sopa ni seco ni postre? No, no hay. Esa era su mamá. Habría que contratar una empleada, pero no, la plata ya no alcanza.

El territorio: ¡la cama!
Ya es de noche, ya se ha puesto la piyama, ya se mete a la cama. Y lo primero que usted descubre es que no cabe, que ella ocupa todo el espacio, que no hay manera de acomodarse, de lado, en 20 centímetros de colchón. Ella quiere abrazarlo y a usted le da calor. Usted comió demasiado y quisiera ayudarle a su digestión, pero no, da mucha pena con ella. Entonces, acalorado, y a punto de caerse, va hasta el baño. Quiere afeitarse para pasar el tiempo, pero ya no encuentra sus cosas. Mira a su alrededor y sólo encuentra una cosa suya en todo el baño. Es su cepillo de dientes. El único amigo que le queda. Lo demás son cremas, hebillas, cauchos, pinzas, horrorosos frasquitos de maquillaje. Desesperado, sale del cuarto y ve que sus afiches de equipos de fútbol, que decoraban el estudio, han sido sustituidos por pinturas de una tía de una amiga de ella. Los mugs de su colegio, que antes era un conmovedor recuerdo, ahora son signos de su estupidez. Por eso están en la caneca. No importa cuánto se esfuerce en marcar su territorio. Una vez casado tenga en cuenta que “esa platica, se perdió”.

La feminidad
Usted ahora es el hombre de la casa. De un momento para otro, usted es un hombre, un macho, un varón. Schwarzenegger es un pinche cabrón. Usted tiene que cargar muebles, arreglar interruptores, alzar bibliotecas, atornillar mesas. Tiene que hacer cosas masculinas para las que nadie lo había preparado. ¿Colgar un cuadro? ¿Ir a la sala para ver qué es eso que está sonando? ¿Serán los ladrones? ¿Cambiar la llanta que acaba de pincharse? Usted, usted es el hombre de la casa. Y un hombre al que no le va bien quejarse: nada de lanzar griticos maricones cuando debe expulsar a un ratón de la cocina, ni de rehusar enfrentarse a los ladrones, bate en mano, cuando entran a su casa, ni taparse los ojos en las películas de terror. Ya no. Eso era antes. No se sabe por qué razón, pero recuerde que “los hombres son de Marte…”

La Noche
Hay que volver a la casa cuando se oscurece. Es un nuevo concepto. Quizás el más extraño, el más increíble. Uno antes salía del trabajo, o de la universidad, y no pensaba en nada más. Se iba con cualquiera, con el que pasara por ahí. Era feliz. Llamaba a su casa y decía que no lo esperaran. Que iba a llegar tarde. Pero, sólo por curiosidad, intente decirle lo mismo a su esposa. “No me esperes. Llego tarde”. Ahora explíquele qué va a ser ahí, afuera, en la noche, mientras ella ve una película de Meg Ryan. Parta del principio de que nunca le creerán nada de lo que diga. No importa si hay reunión en la oficina, o si hay comida en la casa de su mamá, o si hay noche de Play Station donde sus amigos. Ella siempre pensará que está con ‘la otra’. Sus mil y una noches de soltero, convénzase de una buena vez, no le volverán a pertenecer.

Los amigos
Usted no se perdía las fiestas de Fulanito, jugaba al fútbol en el club de Zutanito y salía a tomar toda la cerveza que hubiera por ahí con Menganito. Pero, recuerde, eso era antes. Una vez casado y conviviendo bajo el mismo techo ella va a ser clara: ¿vamos a ir otra vez donde Fulanito?, ¿no te parece que es un poco inmaduro?, ¿no has visto que todavía se la pasa hablando de a qué vieja tiene en la mira? ¿Tienes que ir todos los sábados a jugar fútbol?, ¿prefieres jugar un partido a donde mis papás? La cerveza es inmunda, ¿cierto?
Usted no querrá convertirse en ese tipo que se refiere a la esposa como ‘la fiera’, no deseará ser ese que llega, con los zapatos en la mano, a las tres de la mañana para no hacer ruido. No señor. Eso dejémoselo a su papá. Por eso piénselo muy bien. Cuando usted se casa nada vuelve a ser como antes. Lo que antes era diversión con sus amigos los viernes en la noche se transformará, repentinamente, en interminables noches recostado en la cama viendo telenovelas, y con seguridad ellos, los miembros de su "parche", lo abandonarán a su suerte al creer que su vida en pareja es total y plenamente feliz.

Despedida de soltero I
¿Cuánto cuesta?: $162.700 | Receta para: seis AMIGOS
Ingredientes

5 cajas de cerveza (Caja x 24 unids.) $130.2005 paquetes de pop corn para microondas: $10.000Un cartón de cigarrillos: $22.500CD’sUna amiga dispuesta a empelotarse

Preparación
La noche anterior a la fecha de la boda, reúnase con la víctima y con sus amigos en un apartamento que se pueda casi destrozar. Se recomienda que no tenga alfombra para no sufrir con las cenizas ni los manchones de cerveza que aparecerán al otro día. En lo posible, use piso de madera. Comience con una tanda de música que le insinúe a su amigo la realidad que se le viene encima una vez diga “sí, acepto” (¿Tumbas de la gloria?) y destape cervezas hasta que le salgan ampollas en los dedos. Cuando las cajas vayan por la mitad, y los cigarrillos fumados no quepan en los ceniceros, y todo se parezca a una despedida de soltero, anuncie la llegada de esa amiga del colegio o de la universidad que, desinteresadamente, gracias a que se considera una buena bailarina, iniciará el destape.
Despedida de soltero II
¿Cuánto cuesta?: $600.500 | Receta para: diez amigos
INGREDIENTES
10 botellas de vodka: $370.0004 litros de Ginger Ale: $8.0002 strippers: $200.000 (una hora, sin sexo incluido)DJ: $500.000, noche.Finca de un amigoUn cartón de cigarrillos: $22.500

Preparación
Dedique un fin de semana completo a no hacer nada, a convencerlo a él de que la palabra “NO” también existe, a disfrutar con sus amigos de ese placer de placeres de estar en la piscina, al mediodía de un sábado, con un vodka en su mano y totalmente soltero. Tome por su amigo, brinde por su matrimonio, celebre porque esto, o porque aquello, o porque esto otro también, y cuando esté de noche… ¡qué comience la función! Una stripper, por lo general, sabe qué debe hacer con un hombre a punto de casarse. Déjele todo en sus manos y, por qué no, dígale que usted —al igual que su amigo— también piensa casarse, y disfrute.

Despedida de soltero III
¿Cuánto cuesta?: $451.500 | Receta para: 8 amigos
INGREDIENTES
Noche en hotel: $150.0005 botellas de whisky 18 años: $171.000Room–service: $100.000 en carajadasCartón de cigarrillos: $22.500Bareta: $8.000, paca Ex novia

Preparación
Reserve una noche en un hotel e invite a los amigos más ‘caspas’ que tenga. Recuerde que grandes cosas han pasado en las habitaciones de los hoteles: infidelidades, sexo ‘a la lata’ con amigas en la excursión del colegio. Beba y fume, y en el momento de pedir algo de comida a través de la carta del room–service dé a conocer el as bajo la manga que tiene preparado para la noche: que la comida la traiga esa ex novia que su amigo siempre quiso llevarse a la cama, y que deberá estar vestida de mesera; una verdadera fantasía para su amigo.

¿Cuánto le toca sacar del bolsillo?
El matrimonio es un extraño virus que puede llegar a enfermar a la víctima. Tanto, que llega el momento en que el novio, vestido de negro y frente al cura, no sabe cómo se llama y menos quién es.
Y mientras una señora gorda, vestida de blanco y sombrero negro entona con toda la fuerza que dan sus pulmones el Ave María, él está rodeado de gente que en su vida ha visto. Es por eso que ahí, por la calentura del virus y la confusión con tantas personas a su alrededor, el tipo termina diciendo “sí, acepto”. Por eso, si algunos piensan en el matrimonio como un acto consciente, están equivocados.
Sin embargo,antes de ese instante, ‘la víctima’ no sólo se ha comprometido con la novia, su familia, amigas de colegio y demás, sino que también ha asumido la responsabilidad de pagar lo que le corresponde por ser el novio. Por vivir, supuestamente, feliz. ¿Ha pensado cuánto puede llegar a costarle el chiste de decir que sí? SoHo le revela las siguientes cifras:
Mientras la familia de la novia se encarga de la fiesta y todo lo que tiene que ver con ella. (invitaciones, música, comida, vestido, etc.), del bolsillo del novio tiene que salir la plata para pagar el anillo ($3’000.000) que debe, por lo menos, tener un pequeño diamante que suba la cotización de su novia en la bolsa de valores. También hay que tener en cuenta las flores para la ceremonia, el ramo para novia y las damas de compañía, y el carro ($4’500.000), cursillo prematrimonial ($80.000), piano para marcha nupcial ($500.000) y, en fin, todo lo que tiene que ver con la ceremonia en la iglesia ($350.000), corre por cuenta suya.
Sin embargo, para que no se le haga tan duro salir de todo este billete, imagínese por un momento que está en el bar, con todos sus amigos y con uno que otro trago de más en la cabeza. Imagine el momento justo cuando usted levanta la mano, mira al mesero y le dice “otra ronda para todos, yo pago”. Es igualito y el golpe se siente menos.
¡Ah! y no se le olvide, por nada , la serenata ($400.000) que dos días antes —si es durante la entrega de regalos, mucho mejor—, le tiene que llevar a la prometida. Eso sí, asegúrese del gusto y no le vaya a llevar mariachis, pues seguramente a ella le parecerán lobísimos.
Eso, más lo que cobran los músicos y la gorda que canta el Ave María ($750.000) suma un total de ¡$ 9’530.000 pesitos! Los mismos nueve millones quinientos treinta mil pesitos de siempre —por si no le quedo claro en números—. Y como lo que buscamos es no desanimar, recuerde que lo que usted paga no es nada comparado con el billete que su suegro gastará gracias al chistecito de que su hija no se quede, como muchas, solamente para vestir santos.
¡Ojo! Esto sólo es para el día del matrimonio, porque hacer las cuentas de lo que cuesta estar casado toda una vida, nos tomaría más de una revista.
Y si ya todo está perdido y no se puede echar para atrás en el matrimonio, no se preocupe, en una próxima edición, le diremos cuánto cuesta separarse. ¡Espérela!

Yo, ¿pecador?
Si se impresionó con los siete casos que Brad Pitt tuvo que investigar en Seven, de seguro usted nunca ha estado en una despedida de soltero. La noche perfecta para dejar salir al irremediable pecador que llevamos dentro; la ocasión para que su "otro yo" cometa todo tipo de actos "repudiables", dignos de no olvidar, pues lo que se viene es la conocidísima rutina matrimonial. Por su bien, y para el bien de su futura relación, la noche antes de la ceremonia ábrale las puertas a su Mr. Hyde para cometer los siete pecados capitales… ¡Pero ojo! el peligro radica en que quizás le queden gustando. De todas maneras, por ser su última noche, declárese inocente de todo y recuerde que el que peca y después se casa, a veces también empata.

Lujuria: tres mujeres desnudándose frente a usted, bailando la danza de los siete velos, pondrán a prueba su capacidad para controlarse. Pero, por más que luche contra sí mismo, no insista, siempre saldrá perdedor; por eso, ante tal provocación, ríndase desde el comienzo y disfrute.
Avaricia: esa noche será más larga que ninguna, pero el afán por poseerlo todo aumentará con el paso del tiempo. No se mida. Usted es el dueño de la ocasión. Tranquilo, todo es para usted, porque luego no tendrá oportunidad de NADA. Sólo de la que será su esposa.
Ira: sin saberlo, quizás usted sea uno de esos tipos que llegan al matrimonio por pura manía del destino. Desahogue su furia con saña y violencia. Quiebre vasos, rompa mesas, pero eso sí, jamás golpee al amigote que paga la cuenta. Porque sino, además de pagar los daños, le tocará pagar todo lo bebido, comido y demás...
Gula: engulla hasta más no poder todo lo que se le atraviese. Nada puede sobrar esa noche, ni comida, ni sexo, ni cigarrillos. ¡Nada! Porque, como dice el refrán, barriga llena, corazón contento, así al otro día de nada le sirva.
Soberbia: no presuma de lo que no tiene que presumir: el matrimonio. Presuma de lo que tiene: su propia despedida de soltero. Muéstrese sobrado y feliz ante sus amigos de “logía de soltería”. Tiene por qué estarlo, o ¿no? La fiesta lo merece.
Envidia: los que saben de pecados no se equivocan, la envidia nos posee y no es posible evitarla ante los que se quedan solteros.
Pereza: después de semejante fiesta, lo único que le queda, por lo menos, es meterse en su cama tres días. Exagere hasta donde su cuerpo lo resista. Recuerde que la iglesia siempre espera a sus fieles y su futura esposa… también.,

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