Después de mucho insistir, finalmente me dijeron cuál era la casa de la mujer barbuda. También me advirtieron que de seguro Percilla Bejano, la otrora famosa Monkey Girl, no me iba a hablar. El patio de la casa de la mujer/mono era pobre, como todos los de Gibsonton, el pueblo de los Estados Unidos donde van a jubilar los freaks de circos. Finalmente llegué a la casa de Percilla y ahí estaba, sentada tras una ventana, tan anciana que ya había perdido los pelos de su cara y me agitaba lentamente sus dedos torcidos en señal de que no quería hablar. Percilla Bejano, la mujer que posaba desnuda acariciándose la barba en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pasaba una agonía normal. Vivía sola desde la muerte de su marido, Alligator Man, un grandote cuyo cuerpo estaba completamente cubierto por granos y sarpullidos rojos que le daban a su piel una extraña similitud a la cáscara de un caimán. La mujer barbuda y el hombre caimán vivieron una conmovedora historia de amor. Desde la muerte de su querido Emmett, Percilla Bejano casi no salía de su estrecho bungaló. Esperaba la muerte sentada en la ventana, viendo cómo se le iban cayendo todos los pelos de esa barba que alguna vez la convirtieron en una chica sexy y enamorada.

Recuerdo esa escena de hace un par de años ahora, justo ahora que estoy parado frente a la vidriera de la agencia Freak Models, en la galería Bond Street de Buenos Aires. Tras el vidrio no está Percilla, sino que Nicolás Bando, el dueño de la agencia, un treintón argentino muy bien afeitado que me saluda a mil por hora, desde adentro de su negocio, y me dice que lo espere un segundo mientras da instrucciones aceleradas a su personal.

La agencia Freak Models funciona dentro de una tienda de ropa de hip-hop del propio Bando. Está en el subterráneo de una galería comercial repleta de tiendas de piercing, tatuadores, discos, ropa nueva, ropa vieja, ropa reciclada, pins, pum, pam, boom. Las paredes y las escaleras automáticas están rayadas con graffitis y a veces se huele marihuana, pero todo bien. Todo bien, además, porque hay guardias de seguridad privados y nadie quiere problemas: todo transcurre en la Avenida Santa Fe, una de las zonas caras de la ciudad de Buenos Aires.

Bando es amable, rápido y directo. Todo a la vez. El modelaje es un negocio, y la gente rara vende: ecuación perfecta. Si vendemos, todos ganamos dinero: ¡qué mejor! No es necesario que se lo diga, él mismo lo plantea. Baldo se queda con el 25 por ciento de los contratos, y tuvo algunos de hasta veinte mil dólares.

-Freak Models es una agencia de modelos no convencional, que rompe con los cánones establecidos de belleza. La belleza típica no es la que vende a fondo. Hoy vende mucho más la imagen de una persona particular, de una modelo con alguna particularidad, que sea distinta a esas modelos de un básico cotidiano de hoy donde todas son lo mismo, miden lo mismo, pesan lo mismo. Nosotros, en ese sentido, somos un aporte.

Bando habla como un vendedor de autos usados. Todos los dueños de agencia de modelos lo hacen. La agencia Freak Models partió hace unos siete años y ha salido profusamente en la prensa local. La idea despertó cuando Bando paseaba por Nueva York, con un amigo entero tatuado, y les ofrecieron aparecer en un clip de Busta Rimes, el año 98. Entonces saltó la chispa, y se consumó el negocio. Un negocio simple, gente rara: no tan rara al nivel de los viejos circos freaks de Estados Unidos, de esos que recorrían el país de costa a costa, llevando risas gracias a hermanos siameses, hombres con manos de langostas o mujeres barbudas. "Freaks suaves", dice Bando, "diferentes, más que nada particulares, tenemos tipos muy raros, muy gordos, enanos, pero también ofrecemos otro tipo de modelos que nadie ofrece y les va muy bien. Mucho rasta, piercing y urbano suave. Tenemos un viejo de barba blanca y larga, Ricardo Piazza, que le va muy bien. Y a otro que le va muy bien, por ejemplo, que es el cara de nada".

-¿Cara de nada?
-Sí, claro, el cara de nada, Tobías Tosco, un pibe musculoso, largo, de ojos claros, pero que tiene ¡cara de nada! Y el pibe trabaja bárbaro, porque es diferente. Nosotros decimos que somos diferentes a lo distinto. Es así. Mirá, yo quisiera tener una modelo como Pampita en mi agencia, me encantaría, de verdad me encantaría ¡Pero no le podría dar trabajo! En esta agencia no tengo trabajo para ella.

-¿Y para las gordas hay trabajo?
-Tengo unas gordas y las gordas tienen salida, pero lenta. Además, con las gordas cuesta porque se sienten un poco retraídas por ser gordas. Pero aquí las soltamos. Nosotros vamos de frente, nada de vuelta atrás, aquí les decimos: vos sos enano, vos sos feo, vos sos gorda. Y nada de que venga una gorda y me diga que quiere aparecer de negro, con ropa suelta: no, no, no, vos sos gorda, vos sos regorda, y por eso vos aparecés vestida de rojo, y un vestido rojo ajustado. Para que se te note la gordura.

-¿Y los enanos caminan bien?
-Están bien. Es difícil, porque son personas que fueron discriminadas mucho tiempo de su vida. Siempre llevados al circo, a la risa, entonces ahora el enano está dolido, y por eso es difícil convencerlos y traerlos. Pero, lentamente, estamos logrando traerlos.
-¿Tienen buena?
-Sí, últimamente estamos trabajando muy bien con ellos. En dos meses hemos hecho seis comerciales con enanos. Te digo, los enanos se vienen muy fuerte.

Mauro Panarisi se saca la camiseta, endurece los músculos de sus brazos y sonríe a la cámara con la seguridad y la coquetería de un modelo profesional. Mauro mide 1,30 m, tiene 19 años y ya tiene en su historial cuatro publicidades y una serie de televisión por emitirse.

-Empecé en esto por un aviso que salía en el diario Clarín buscando gente como yo, me postulé y comencé a trabajar por mi cuenta. Luego con Freaks Models, y te digo que es cierto, desde que estoy en esto la vida ha cambiado.
Mauro está orgullo de sí mismo. Se le nota. En un momento, sin darse cuenta, me dará la gran lección de esta historia: "Aceptarse a uno mismo es aceptarse a los demás".

Con entusiasmo cuenta que las últimas dos publicidades que grabó son para fuera de Argentina. Una de la cerveza Pilsen, de Perú, donde Mauro está dentro de la cabeza de un bañista con pinta de modelo convencional, y él es el ángel que le dice que tome cerveza. La otra es para BBVA de Uruguay y Centroamérica, y ahí Mauro entra junto a dos enanos más a un supermercado y llenan los carros de mercancía, como los duendes de Papá Noel.
-Hace poco estuve en televisión, pero el programa no ha salido. Seré uno de los enanos de una versión argentina de Blancanieves. Espero que salga, la televisión me gusta mucho. Las cámaras, las luces. Me siento importante y dentro del set trato de ser muy responsable.

-¿Te ha cambiado la vida esto?
-Sí, ahora tengo mi propia plata y tengo una responsabilidad, y son logros que voy teniendo. Cuesta partir, con todo lo que uno se trae de niño, pero se avanza. Ahora mi sueño es que mi nombre sea conocido, que esté en la cartelera.

Gibsonton está en la parte más pantanosa del Estado de Florida, en Estados Unidos. Desde hace 50 años ya se había transformado en un sitio de descanso de los trabajadores de los circos americanos, pero nadie sabía. Hasta que se destapó el escándalo. The brutal death of Lobster Man. Así tituló el Tampa Tribune el último día de noviembre de 1992. La noche anterior Grady Stiles Junior, más conocido en los Estados Unidos como el Hombre Langosta, había sido asesinado a los cincuenta y cinco años, dentro de su propio tráiler. El crimen encendió una luz roja en el mapa de la gran nación: en Gibsonton, cerca de Tampa, se había refugiado una comunidad de gente deforme para llevar una vida normal, lejos de las risas y del asombro del público. Grady Stiles Junior había nacido en 1937, en Pittsburgh, Pensilvania. Era la quinta generación de una familia con malformaciones. Desde muy niño su familia lo puso a trabajar en el circo, donde se convirtió en el famoso Lobster Boy. El éxito lo emborrachó pronto. Lo entrevistaban en las radios y varias veces actuó para la televisión. Él mismo se dedicó a mejorar sus números y a acentuar sus manos atrofiadas. Igual que la más hermosa modelo de bikinis o aquel actor de cuerpo perfecto, Stiles le sacó el mayor provecho a su físico. Recorrió todos los Estados Unidos, ganó bastante dinero, tuvo varias novias y, finalmente, pasados sus treinta años, se casó opulentamente en una ceremonia de matrimonio muy normal. Parecían muy felices. Con Teresa, su mujer, y Glenn, el Niño cabeza de bloque, hijo de ella, continuaron las giras. Sin embargo, en la intimidad y con el paso decadente de los años, el recordado y tierno Lobster Boy se transformaba en un tipo bruto, violento y cruel. Al final repartía sus días entre la cerveza helada, las golpizas a su mujer y los cigarrillos Pall Mall. Estaba viejo, calvo y panzón, pero eso no era inconveniente para mostrarse en los restaurantes de Gibsonton con fotografías de él mismo cuando era niño. Las vendía autografiadas, al módico precio de un dólar. No estaba mal. Hasta que Grady Stiles Junior apareció asesinado en su tráiler. Su cabeza se tragó dos descargas de plomo, mientras bebía cerveza en calzoncillos y tenía puesto el aire acondicionado al máximo. Lo había matado un sicario, contratado por su mujer y su hijastro.

Nicolás Bando, el cerebro de Freak Models, dice que muchos de sus clientes llegan a ellos por la web, www.freakmodels.com.ar, y que dentro de sus clientes tienen empresas como Coca Cola, BMW, Vodafone, Visa, Ray Ban, MTV. "Empresas fuertes, para las cuales tenemos todo tipo de soluciones", dice sobrado, como diciendo "pregunta lo que quieras".

 
¿Tienen chicos Down?
-Tenemos, tenemos, claro que tenemos. Hemos hecho algo para Ona Saenz, que es una marca de ropa conocida. Hicimos con ellos una campaña antidiscriminación y pusimos a un chico Down. Pero no son de los que más piden en la agencia.
-¿Gente deforme?
-Tenemos cara de gente con deformaciones de nacimiento, gente que la han sacado con fórceps y han quedado con la cabeza larga. Todos esos casos no los ponemos en la web, porque puede ser muy chocante para la gente. Pero sabes, ellos por sobre todas las cosas son actores, actrices, y con esa gente con deformaciones estamos trabajado muy bien. Lo último fueron unos cortos de terror.
-¿Labio leporino?
-Sí y uno muy bueno, un chico de labio leporino muy fuerte, un colorado de cara larga, buenísimo, superfreak. Con él hicimos una cerveza inglesa. Y ahora hay uno que tiene como elefantismo, lo ves y te matas de la risa. Pero ojo, se ve que todos ellos sufrieron, pero que ahora están gratificados con la agencia y cuando les pasamos un trabajo se alegran mucho.

-Esto se leerá en Colombia y posiblemente, para alguna de sus muchas campañas de paz, van a necesitar mutilados con experiencia frente a las cámaras.
-Sí, claro, tenemos. En el sitio secreto tenemos mutilados. Pero ellos no están ahí solo por mutilados, es gente que le gusta la actuación, nacieron para eso. Te puede faltar un brazo, te puede faltar la nariz, y te gusta actuar, acá serás bienvenido seguro. Seguro. Además, en Colombia ya tenemos nuestros primeros clientes. Hace poco, pronto va a salir allá, grabamos una publicidad para la cerveza Águila. La modelo que sale, que no es una modelo despampanante, sino una linda chica que todos van persiguiendo, es de Freak Models. Así que ya hemos hecho cosas para Colombia.

La ciudad de Buenos Aires está empapelada con afiches de una publicidad de Sprite. El anuncio dice que en las discotecas te prohíben la entrada simplemente por ser feo. Federico Pighini es el feo del anuncio. Alto, muy flaco, muy rubio, de nariz chueca, boca chica, frente amplia y cráneo grande. Federico se acomoda junto a un afiche, en la vía pública, y cuenta que una vez, una chica lo reconoció en la calle y no lo soltaba. "Fue como si yo fuera Brad Pitt", dice entusiasmado, sin ironía, con una felicidad que se le apaga pronto al reconocer que es la única vez que le ha pasado.
Federico tiene 22 años, estudia cine, y aunque sueña con una carrera detrás de las cámaras, le gusta posar delante. Cree que, de alguna manera y de una vez por todas, las cosas están cambiando:

-El modelo perfectito, todo joya, ese ya murió. Ahora buscan gente más como uno.
La de él no es la única publicidad que usa rostros no convencionales. La Quinela, la lotería argentina, ha sacado toda una larga campaña de gigantografías con rostros extraños. Todos los modelos de Freak Models.
No me atrevo a decirle que a él lo buscaron por feo, por feazo, por su cara desordenada. Pero, de alguna manera, hablándole de mis propias debilidades (y deformidades) se lo doy a entender.
-No tienes de qué preocuparte. Todos somos diferentes. Yo mismo sé que tengo una cara especial. Lo bueno es que cada uno tiene algo que lo diferencia del resto, que lo saca de lo común- me dice.

Mientras, en la pared, el afiche muestra su misma cara en gigante, y un guardia discoteca que no lo deja entrar a bailar, por feo.

El cara de nada. El éxito de Tobías Tosco es tener una cara completamente anodina.
Pequeño gigante Mauro Panarisi. Con 1,30 cm de altura, tiene un largo historial publicitario.

El viejo Ricardo Piazza. Posee la barba más cotizada del mercado.
El otro Brad Pitt. Ser totalmente opuesto al actor nortemaricano es la carta de presentación de Federico Pighini.

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