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Publicado 2005-06-14

¿Son racistas estos bares?

Por Mónica Cabarcas

El ejercicio era simple: tratar de entrar a los sitios de la rumba en Bogotá en compañía de dos hombres de raza negra, para tomarle el pulso al tema de la discriminación. Hubo tristes sorpresas.

¿Son racistas estos bares?. SoHo hizo el experimento con algunos de los mejores bares en Bogotá.
SoHo quiso comprobar, de primera mano, si existe algún tipo de discriminación en los bares bogotanos, a raíz del incidente de las hermanas Johana y Lena Tatiana Acosta, las jóvenes negras que no pudieron entrar a rumbear a La Carbonera, en Cartagena.

El experimento consistía en hacer un recorrido con dos personas de raza negra por algunos sitios de moda en la ciudad. Haciendo fila, pagando el cover, con cédula en mano y, por supuesto, en completa sobriedad. Para ello, uno de los jóvenes negros iría acompañado por una periodista y detrás de ellos estaría otro periodista de SoHo para comprobar si, después de posibles rechazos a la pareja, él, blanco, podía entrar al sitio.

El primer compañero de experiencia es Julián, de 20 años, un sanandresano de tenis y camiseta blanca. Es el más rumbero de todos. Hace pocos días llegó a Bogotá y estaba ansioso por salir de rumba. Nos dijo: "Seré muy optimista, pero yo creo que me dejan entrar". El otro, René, que llevaba un micrófono oculto, tiene 26 años, es politólogo y filósofo de Los Andes. Un tipo bien plantado. René trabaja en la fundación Cimarrón y defiende los derechos de las comunidades afrocolombianas. Con ellos, durante tres noches, nos lanzamos a la tarea de entrar a la rumba.

Parte I
Era un viernes lluvioso en el parque de la 93. René lucía elegante y Julián, informal. Comenzamos el experimento en Crow. Los hombres de seguridad de Open Logística en este bar no pusieron problema y entramos luego de pagar el cover de $10.000. Seguimos hacia El Salto del Ángel: "Lo sentimos pero está lleno. Desde este momento solo ingresan personas con reservación".

Sin embargo, diez minutos más tarde, le autorizaron la entrada al periodista que nos servía como verificador de las muchas excusas que se dan cuando hay un negro tratando de pasar. Luego, nos dirigimos al restaurante-bar El Sitio, donde también nos pidieron reservación. El periodista comprobó, segundos más tarde, que no era posible acceder al lugar sin previa reserva.

Julián se desilusionó cuando le contaron que allí estaba la presentadora Carolina Cruz: "Tremenda mujer, es tan sexy- dijo- y no la puedo ver. Mamá, ¡qué pesar!".

Media hora más tarde llegamos al bar Punto G, en la calle 94, abajo de la 11. Una mujer a punto de ingresar al lugar miraba a Julián despectivamente, mientras su marido le decía: "Tranquila, mi amor, aquí se reservan el derecho de admisión y exigen reservación". Efectivamente, los de seguridad nos dijeron que había un evento y que no podíamos pasar. Pero minutos antes el periodista verificador y la fotógrafa de SoHo habían entrado sin ninguna restricción, después de pagar los $15.000 del cover.

Enseguida hablamos con el personal de seguridad y nos explicaron: "El problema son los tenis que lleva él (señalando a Julián). Aquí no se puede ingresar en ropa deportiva". "¿Y si Julián se cambia de zapatos?". "Claro, si se cambia los zapatos pueden seguir".

A las 9:30, en Bacci, también hubo problema con los tenis de Julián. "No, aquí no se puede entrar en tenis". "Pero si yo también tengo tenis", dijo el periodista, al que no se le impidió la entrada a un sitio que estaba bastante desocupado. "Sí -contestó el portero- pero no pueden ingresar con tenis blancos, son políticas del establecimiento".

Cuando llegamos a Mizu dijeron: "No pueden entrar, el sitio está lleno. A partir de ahora no entra más gente. Muéstreme su invitación. Es un evento privado". Ante este rechazo y negativa rotunda de los dos hombres que custodiaban la puerta, el periodista verificador intentó entrar con la fotógrafa y lo logró. Permanecieron un buen rato en las numerosas sillas desocupadas del establecimiento. A los hombres de seguridad pareció no importarles que René y Julián observaran cómo ingresaban, sin problema, otras personas.

René nos contó que en Bogotá hay aproximadamente un millón de personas afro, se concentran principalmente en las localidades de Kennedy, Suba y Tunjuelito, y que existen sitios de rumba negra como Kingbongo. Sin embargo, en los bares "de moda" de la ciudad no abundan los negros, con excepción de los negros famosos, como en Babar.

A las 11 de la noche, mientras René Perea le preguntaba el cover a la mujer de Babar que lo recibía, tres hombres de seguridad y hasta el administrador se abalanzaron sobre nosotros diciendo: "A partir de ahora ya no entra más gente, el sitio está lleno. Ya no ingresan más personas". Le rogamos a un guardia que nos dejara entrar, le indicamos que había espacio para nosotros. Nada. "No quieren que se les oscurezca el sitio, mamá, quieren mucha claridad", dijo Julián.

Nos alejamos hacia la carrera 11. Mientras tanto, el periodista verificador consiguió el acceso que para nosotros había sido imposible minutos antes. Otra decena de personas entró después a Babar, incluso Dexter, el negro del programa La isla de los famosos.

"Filtro, filtro, filtro" fue la palabra que usó el hombre de seguridad en Pipeline, un bar sobre la carrera 11, cuando tratamos de entrar. "Espera un momento, mujer, el sitio está lleno y, además, hoy hay un evento". Recién había dicho que el cover era de $10.000. "Sí, pero me acaban de avisar arriba que ya no pasa más gente", respondió cuando se lo recordamos. Por supuesto, le avisaron arriba mientras el hombre decía por el intercomunicador: "Filtro, filtro, filtro". "Tranquilos, el sábado, que no hay evento, quizás puedan entrar". Nuevamente, un rato más tarde, fotógrafa y periodista consiguieron su entrada a Pipeline.

En In Vitro tampoco nos dejaron. El miércoles, con fama de buena rumba, los guardias nos pidieron invitación: "Es un evento privado, déjeme ver su invitación, por favor". Le recordamos que no es costumbre llegar los miércoles con invitación. "Sí, pero hoy es diferente -dijeron-, hoy hay un evento". Justamente diez minutos después el periodista verificador, sin problemas, entró. ¿Será que se había acabado el evento?

Parte II
Viernes, 10 de la noche, una fila de 70 personas para entrar a Gavanna. En espera, toda clase de modas: las zapatillas, las baletas de bailarina en todos los colores, los zapatos tacón puntado, la suela corrida, entre otros estilos de calzado. Las viejas con el blower arruinado por la lluvia, en fin.

Había blancos, amarillos, extranjeros, pelirrojos, morenos, René, Julián y nosotros. Pero el tiempo bajo la lluvia no sirvió de nada: las 15 personas que esperaban delante de nosotros no entraron a Gavanna y, por supuesto, nosotros tampoco. Las explicaciones fueron claras: "Para entrar, usted necesita ser amigo del dueño, tener invitación exclusiva o carné de Gavanna. Puede buscarlo por internet, ingresar los datos y nosotros lo estudiamos".

Con Danzatoria tampoco pudimos. La veintena de desconocidos que hacíamos fila hacia la izquierda no teníamos prioridad. La tenían los actores y modelos invitados a cierto evento. "No huevón, no me dejaron entrar", eso decían los jovencitos que decidieron, botella de aguardiente en mano, caminar por los bares de la 15 hasta encontrar dónde pagar por dos horas de apretujones y diversión.
Mai Lirol Darlin estaba lleno. Parece que era cierto, porque una multitud que quiso entrar después de nosotros también fue rechazada. Finalmente, vale la pena no perder de vista a Pravda, en la T: nos atendieron muy bien e incluso nos separaron una mesa especial.

Para René este panorama no es extraño, porque a diario recibe denuncias en la fundación Cimarrón. Asegura que los casos de discriminación se presentan en todos los campos. "En grandes almacenes y empresas nunca suelen contratar personal afro para atención al público, solo para trabajar en cocinas o trabajos de carga", dice. Para él, la discriminación existe y no hay duda de que se practica en diversos ambientes, incluidos los establecimientos de rumba nocturna.

El experimento, claro, no estaría completo, ni sería justo, sin escuchar a los dueños o administradores de los sitios que visitamos. Los llamamos y les preguntamos si tienen alguna restricción por cuestiones de raza. Y contestaron, como queda constancia en los recuadros. Más allá de un artículo repleto de teoría de razas y argumentos tomados de otras fuentes, lo que hicimos fue experimentar en carne propia qué pasa cuando esa carne es negra y se quiere ir de rumba en Bogotá. El resultado fue contundente: de trece bares a los que intentamos ingresar, solo logramos entrar a dos. No siempre las cosas salen como uno quiere.

¿Qué dicen los sitios donde no los dejaron entrar?
Mario Jiménez
Mai Lirol./Mizu
"En Mai Lirol Darlin no hay discriminación racial. La entrada es libre. Solo hay restricciones si hay un evento privado. No hay ni siquiera bouncer en la puerta. Si el sitio está lleno, pues no. Mizu es completamente diferente. En este momento está cerrado por remodelación. No hay políticas de discriminación racial, pero existen restricciones relativas; el criterio principal que se maneja es la actitud con la que a usted lo vean".

Juan Pablo Pachón
El Sitio
"No existe ningún tipo de discriminación por color de piel. El Sitio maneja muchas reservas, por lo tanto, es común que te pidan reservación a la entrada. A veces hay uno o varios eventos. Pero, eso sí, los establecimientos tienen identidades y no nos gusta mezclar a empresarios con jóvenes que vienen a tomar aguardiente y emborracharse".

Gustavo Jáuregui
Gavanna
"No tenemos políticas de discriminación racial. Hay restricciones en cuanto a la edad y la ropa. Cada quien establece un target al cual le quiere llegar, como cualquier compañía lo hace, y elegimos los clientes que queremos nosotros dentro del lugar".


Enrique Rojas
PIpeline
"No existen políticas discriminatorias por ser afro. Además, la única política que se tiene es la edad. No a menores de edad, de resto sí a todo el mundo que pague su derecho de entrada. Hombres no menores de 21 años y niñas a partir de los 18".

Laura Prieto
El Salto del Ángel
No tenemos ningún tipo de discriminación racial, incluso aquí tenemos un empleado, un mesero, que es de color. En el día, nosotros no tenemos ningún tipo de restricción, pero en las noches, que se vuelve rumba, la política de discriminación es el filtro que toca hacer. Es una cosa más como de feeling, a personas que no nos inspiran confianza les damos excusas. Aquí vienen personas de muchos países y el otro día vino uno vestido de indígena".

Diego Espinoza
babar
"Que tú vengas a decirnos que los afronosequecosas no están entrando al bar, te demuestro que no. No hay restricciones para entrar. Se deja entrar a casi todo el mundo, nos reservamos la entrada porque vengan mal vestidos, con la camisa rota o cochina. Aquí el 90 por ciento de la gente viene en tenis. Anoche estuvieron los Trikings, es reggaeton y son negros los que tocan, y la gente que ellos mueven, es esa misma gente".

Julio Alberto Fino
In vitro
"No hay ningún tipo de discriminación por raza. Algunos miércoles hay eventos. Manejamos clientes fijos y esperamos que quienes nos visiten conozcan el sitio".

Sandra Gaitán
Punto G
"No manejamos restricción por color de piel. Recibimos embajadas, gente completamente negra y eso no tiene nada que ver. En ningún momento le hemos dicho a la gente de Open que la gente de color no entra. Pero si vas a llegar pasado al otro lado, los de Open no te dejan entrar. Es decir, la niña en bikini, pantalón descaderado y zapato rosado que se baja de una narcotoyota y el que viene al lado es un tipo con cadena, pues esos no".

René López
Danzatoria
"Básicamente, aquí entra todo el mundo. No hay ningún tipo de discriminación por raza. Entra todo el mundo desde que sea mayor de edad. Obviamente, si hay un evento, se prefiere a los que tienen invitaciones. Los actores, modelos y aquellos que no lo son reciben el mismo trato".

Carlos Pérez
Bacci
"Tanto como restricciones por raza, no. Trajimos a Petrona Martínez, hacemos fiestas para afrocolombianos. Gran parte de la decisión está en los hosters. Distinguimos por apariencia física y acompañantes; si llega alguien en una camioneta esponjosa con una mona despampanante prepago, se le da cualquier excusa para no herir susceptibilidades, se le dice que hay un evento o que está lleno".

Esta crónica fue realizada en junio de 2005
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