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Publicado 2010-01-06

Visita a la peluquería de cucas

Por Carolina Tommasino

El pelo que cortan en esta peluquería no lo cortan en cualquier lugar. El paraíso de la depilación existe, y está en Los Ángeles, California. Conózcalo.

Visita a la peluquería de cucas. Visita a la peluquería de cucas
El Valle de San Fernando, en Los Ángeles, es el Hollywood del porno. Es donde viven las actrices y se filman las películas de un negocio que mueve decenas de miles de millones de dólares cada año, pero contrario a lo que se podría pensar, ni siquiera aquí es sencillo encontrar una peluquería dedicada exclusivamente a la cuca de las mujeres.

Peluquerías tradicionales donde se hace el stenceling, como se le llama a la técnica de diseño de bikini, hay muchas, pero la especializada se llama Pink Cheeks (cachetes rosados), ubicada en Sherman Oaks, uno de los barrios más tradicionales de la zona. Y ahí va la mayoría de las estrellas porno, hombres y mujeres.

Hay que tener paciencia para que concedan una cita, porque el lugar tiene mucha demanda. Yo esperé dos días. El lugar está ubicado en la avenida Ventura, rodeado de tiendas de discos, boutiques de ropa y cafés. Tres de la tarde de un jueves. Llego puntual. Hay tres mujeres en la sala de espera. El lugar no es muy grande, la sala tiene una chimenea y unos sofás, una mesa con comida, casi toda en forma de corazón (se avecina el Día de San Valentín). Un mueble exhibe productos tipo sex shop: lubricantes, vibradores, consoladores, ropa interior; todo para la venta. Es más seguro; en esta ciudad hay depravados que se estacionan en los almacenes de sexo para masturbarse mientras ven a las mujeres que entran a comprar.

Mi cita es con Cindy, la dueña del salón. De los siete cuartos del lugar me asignaron el primero. Es pequeño, tiene una camilla y un letrero en rosa que dice No whining (no llanto, podría traducirse). A los tres minutos entra Cindy, de unos 45 años, e inmediatamente me pide que me desvista de la cintura para abajo. Solo ella hace los diseños, mientras que las depilaciones las hace cualquiera de las cinco mujeres que trabajan ahí.  Me pregunta qué quiero, yo pido las iniciales de mi esposo a manera de regalo para el Día de San Valentín. Me desvisto y ella da su veredicto: "Mi amor, no te puedo hacer nada todavía, hay que esperar unos días, el vello está muy corto". A cambio de eso me cuenta la historia del salón.

Pink Cheeks empezó hace 21 años como un centro de cera y estética donde hacían tratamientos faciales. De ahí el nombre, porque al final de las sesiones la cara y cachetes del cliente quedaban rosados. Cachetes rosados; mucha gente cree que tiene que ver con otros cachetes, pero es un nombre realmente inocente. Una de las primera clientas fue Pamela Anderson, que para esa época ya era famosa, pero no tanto. Aún no trabajaba en Guardianes de la Bahía, sino en el seriado Home Improvement; vivía a pocas cuadras del salón y Cindy le hacía la cera. Era el principio de los años noventa, cuando la depilación del bikini era todavía conservadora. Las mujeres solo se depilaban lo que sobraba del vestido de baño. Un día llegó esta rubia y al finalizar la sesión le dijo: "Cindy, ¿me puedes depilar un poco más?", para luego decirle: "¿Me puedes depilar los labios? ¿La cola también?". Cuando las otras clientas vieron a Pamela Anderson salir de la peluquería todas preguntaron qué se había hecho, que ellas querían lo mismo. El salón empezó a coger fuerza. La cera fue el plato principal y el tratamiento facial quedó en segundo plano.

A principios de este siglo apareció la depilación con diseño, algo en lo que tuvieron mucho que ver las películas porno. Iban desde corazones en época de San Valentín y tréboles el Día de San Patricio, hasta árboles de Navidad y estrellas para el 31 de diciembre. Los colores jugaban un papel importante: los corazones eran rojos, los árboles, verdes. Se decoloraba el vello púbico y 24 horas después se tinturaba, pero el Departamento de Salud de Estados Unidos prohibió la decoloración en las partes íntimas porque la sustancia tenía amoníaco. Ahora es muy común adherir escarcha o cristales a los diseños. En alguna ocasión, una estrella porno le pidió a Cindy una mariposa multicolor. Podó vagina, puso brillantes azules como ojos y toda la mariposa se decoloró. Al día siguiente la actriz volvió y se pintó de azul y verde. El diseño apareció en una película para adultos.

Pero no todos los clientes del salón son actrices porno. Vienen mujeres comunes y hombres a hacerse la cera alrededor del ano. Travestis y celebridades también. En algún momento de esta tarde llegará Janet Jackson.

Hemos hablado bastante, pero mi vello aún no ha crecido lo suficiente. Antes de irme pido tomarle fotos al proceso con alguna clienta. Me tocó en suerte Carrie, una mujer de 34 años que me dijo que mientras no saliera su cara, podía tomar cualquier foto. Se estaba haciendo un corazón, la figura perfecta según ella, ya que los labios quedan limpios y el sexo es mucho mejor. Al parecer, depilarse los labios hace el encuentro sexual más placentero pues hay mucha más sensibilidad y para el hombre es mucho más suave. "Es tan suave como si hubiera lubricante, pero no lo hay". El proceso no tardó 20 minutos, tiempo en el que Carrie habló sin inmutarse. Muy elásticamente (se notan las sesiones de yoga diarias) subió sus piernas, las abrió, templó su ingle para ayudar a Cindy en su labor y sonrió todo el tiempo. El resultado: un corazón del que solo se descubre su forma si se mira cuando ella esta acostada y con las piernas abiertas.

Una semana después

Volví a la semana lista para marcarme las iniciales de mi marido. El salón tiene salida por la parte de atrás a un callejón, lugar donde parquean las estrellas porno o las limusinas de las actrices famosas para no ser vistas. Es la zona VIP. Parqueo ahí y entro por el jardincito. Hay dos niñas fumando y charlando muy animadamente. Adentro hay unas ocho mujeres esperando, incluso una embarazada.

Entre ellas está Amy. Es rubia, alta, de talla 36B. Tiene 28 años y un novio que corre carros con el número 32. Trae el dibujo que ella misma diseñó para ponérselo en su cuca, un 32 de color rojo. Hoy solamente le van hacer el número y le van a decolorar el vello púbico. Mañana se lo pintarán; es muy importante esperar que pasen 24 horas de decoloración para aplicar el color, procedimiento que puede demorar unas dos horas. Es jueves y el novio corre el domingo, así que para el sábado en la noche ese 32 debe estar listo. Amy sabe lo importante que es esta carrera para él y esta es su manera de demostrarle que tiene todo su apoyo. Algunos pensarían que ir a los pits y estar pendiente de la competencia es apoyo suficiente, pero parece que no.

El diseño le costará a Amy unos 100 dólares. Usualmente van desde los 48 dólares del brasilero hasta los 120, dependiendo de lo complicado y del tiempo que requiera. Los clásicos como un corazón o unas iniciales fáciles no pasan de 60 dólares.

Sandra está embarazada, el parto está programado para el sábado. Viene a Pink Cheeks desde hace años, siempre se hace el full y se lo volverá a hacer para el nacimiento, por higiene y como muestra de cortesía con el doctor y las enfermeras. Mientras Sandra me cuenta su historia, me llaman. Es mi turno, me ha tocado de nuevo el cuarto número uno.

Me desvisto y saco el dibujo de mi cartera, un TT, tratando de ocultar mis nervios, que crecen antes que disminuir cuando veo los implementos. Pinzas, bastantes de muchos tamaños, pequeños cepillos y telas. Siento como si me fueran hacer una intervención quirúrgica. Cindy lo mira y me dice que son iniciales simples, que el proceso no será tan demorado. Empezamos con el lápiz negro de cejas, que se usa para hacer el diseño, el stenceling. Con cuidado pinta las dos tes sobre mi pubis y me las muestra con un espejo. Están bien, aunque yo las quería más grandes, pero me aclara que deben ser pequeñas pues los labios se deben depilar.

Apruebo las tes y empieza la cera. La hace con palitos muy pequeños que hacen que sea más demorado. Esto no se trata de empaparse con cera y jalar salvajemente. Cindy se toma su tiempo, poco a poco la unta, la moldea y la jala, una y otra vez. Mientras, me habla del clima, de si me gusta la ciudad, de American Idol; aterrada aún, a duras penas respondo a todo con monosílabos. Unta, jala y me muestra. En realidad no me duele tanto y después de unos diez minutos acabamos la cera para pasar a las pinzas.

Esta parte duele un poco más y me da miedo porque es una parte muy delicada y la velocidad con que Cindy mueve las pinzas me altera. Me aconseja que me calme porque "es aquí donde ocurren los accidentes, y no queremos uno, ¿o sí?". Trato de relajar las piernas mientras pienso que tengo que hacer más yoga. Con las pinzas se pule el diseño, se logran los ángulos deseados. Prueba superada. Ahora saca unas pequeñas tijeras con las que poda el vello. Quedo alerta de nuevo, una tijera en esos lugares es un poco preocupante.

Saca su pequeño cepillo, que parece más un aplicador de pestañina, y peina el pelo para que quede en la misma dirección. Da cosquillas, y eso, no sé por qué, se me hace la parte más incómoda de todas. Saca el espejo y me muestra; es increíble, dos tes grabadas en menos de una hora. Pago 60 dólares y salgo feliz, con uno de los regalos más originales que he dado en mi vida. Yo salgo y entra Amy. La saludo, ojalá su novio gane la carrera del domingo.

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