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Publicado 2005-05-11

Wojtyla vive

Por Fernando Vallejo

Una diatriba contra Juan Pablo II por Fernando Vallejo.

Wojtyla vive. EFE
Wojtyla vive. Vive en sus obras. Sus malas obras. En el mal inmenso que le ha hecho a la humanidad con su oposición al control natal en un planeta superpoblado en que la capa de ozono está rota, los ríos están convertidos en cloacas, el mar es un desaguadero de cloacas y se está muriendo, las últimas selvas tropicales que quedan están desapareciendo y especies y más especies son destruidas a un ritmo inexorable por la rapacidad del depredador más destructivo que haya existido desde que el sol alumbra, el ser humano. Hoy somos 6.400 millones, de los cuales 3.000 millones han nacido durante los 26 años del pontificado de Wojtyla. De este aumento monstruoso de la población él es el primer responsable. ¡Si por lo menos se hubiera callado el pico! Pero no, tenía que hablar y hablar y hablar para hacerse ver como el vanidoso protagónico que fue y que se parrandeó a plenitud y hasta el último instante con su último aliento su puesto de Pontífice Máximo de esa institución inmoral y corrupta que es la Iglesia católica, el rebaño-jauría de las ovejas carnívoras. Cómplices suyos en la gran catástrofe demográfica que él instigó y que nos ha puesto al borde del precipicio y de la destrucción total de la Tierra han sido todos los jefes de Estado de nuestro tiempo empezando por los presidentes de los Estados Unidos y todos los líderes religiosos como los ayatolas musulmanes, pero ninguna oposición a los anticonceptivos y al aborto tan necia, tan cerril, tan obtusa como la suya, la de este lobo disfrazado de cordero, este hombrecito travestido que durante 26 años nos representó la farsa de la santidad. Santo que se hace ver es un vanidoso. No puede haber santidad protagónica, eso es un oxímoron, como cuando decimos sol oscuro.

¿Y a son de qué y en nombre de qué se oponía al control demográfico? De la vida, según él. ¿Pero es que es vida la que llevan miles de millones de seres humanos sumidos en la miseria, el desempleo, el hambre, la enfermedad y la desesperanza? ¿O la que arrastramos todos, ricos y pobres, en un mundo de ciudades y carreteras atestadas en el que el agua y el petróleo se están acabando y en el que el crimen, la impunidad y la bellaquería se han ido apoderando inexorablemente de todas las sociedades? ¿O la de los animales masacrados en los mataderos, en las selvas y en el mar, por todas partes, sin que quienes detentan el poder político y el religioso alcen siquiera su voz para pedir la mínima compasión? ¿Eso es vida?
Pero soy injusto. Wojtyla sí tenía su fórmula para el control demográfico: la abstinencia sexual por fuera del matrimonio, y aun en su seno cuando la eyaculación no esté destinada a la reproducción, cual es el caso del coitus per angostam viam o sodomización de la mujer que atenta contra la propagación de la especie. ¿O interpreto mal, cardenal Ratzinger? Y se lo pregunto a usted que es gran teólogo y decano del Sacro Colegio de Cardenales y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (galimatías cantinflesco tras el que se oculta ni más ni menos que la Santa Inquisición moderna) porque Wojtyla el infalible ya no está y en el interregno en que esto escribo todavía no se reúne el cónclave y le nombran sucesor, otro infalible, y hoy no tengo a quién preguntarle habida cuenta que Tomás de Aquino también ya murió: hace 731 años.

En cuanto al homosexualismo y la pederastía, que también podrían servir para el control demográfico y que tantos curas, obispos, arzobispos y cardenales practican con fervor clandestino, Su Santidad los detestaba. ¡Es que le dieron tantos dolores de cabeza y le trajeron tantos sinsabores y demandas estos prelados non sanctos! Hasta el punto de que le estaban secando las arcas de algunas de sus diócesis más productivas, como las norteamericanas de Boston y de Portland, Oregon, la cual se tuvo que declarar en quiebra para eludir la avalancha de juicios por pederastía contra sus curas que se le vino encima. Ochocientos cincuenta millones de dólares han tenido que pagar las diócesis norteamericanas para acallar a los que demandan a sus curas y obispos por abuso sexual y tapar el escándalo. Si tenemos en cuenta que los católicos de los Estados Unidos le producen al Vaticano 7.500 millones al año, las demandas todavía son costeables, pero dada la voracidad por el dinero que caracterizó a Wojtyla, perder semejante platal para él ha debido de ser algo espantoso, como un segundo mal de Parkinson. ¡Ah, cómo le amargaron los maricas su reinado a Su Santidad! Y así Ella, Su Santidad, fue un papa homofóbico o "mataputos", como se dice en México. Y por añadidura paidófobo, detestaba a los niños. Y en prueba esa palmada en la mano que le dio, ya al final de su vida, a una niña que le ayudaba a lanzar unas palomas desde su ventana (la famosa ventana que da a la plaza de San Pedro y se abre al cielo de mi Diosito) porque la niña por nerviosa se equivocó y las lanzó mal y una se le devolvió y le dio un aletazo a él en la cara y casi lo caga. No se pudo controlar el santo y le propinó a la niña su buena palmada que filmaron y transmitieron por televisión. Yo la vi, a las cinco de la tarde, en un noticiero de televisión. Cuando horas después traté de volver a ver la palmada en otro noticiero de la media noche, ya la habían cortado.

Wojtyla no hizo pues suya la frase de Cristo "Dejad que los niños vengan a mí", que le ha llenado en cambio la vida al padre Marcial Maciel, fundador del jardín florido de los Legionarios de Cristo mexicanos y quien durante el pontificado del difunto papa tuvo abiertas de par en par las puertas del Vaticano, por el que entraba y salía como san Pedro por su casa, o como nuestro Alfonso López Trujillo, quien cuando fue arzobispo de Medellín se distinguió por su pederastía tanto como por sus negocios non sanctos con la mafia que finalmente le costaron la expulsión de mi ciudad y su exilio en el Vaticano donde lo recibieron con los brazos abiertos y en premio a sus trapacerías y sodomías lo nombraron presidente del Consejo Pontificio para la Familia, altísimo cargo desde el que nuestro paisano llueve y truena contra lo que conoce muy bien, el coito sodomítico que atenta contra la supervivencia de la especie, y desde el que insiste tercamente en su tesis de que el virus del sida traspasa los condones. ¿Será que lo habrán infectado? ¿O será que lo habrán preñado? Teólogos metidos a sexólogos, fornicadores haciéndose los remilgados, que por ahí no pichan. Ah, y al arzobispo de Boston el cardenal Bernard Law, el funcionario de más alto rango de la Iglesia católica de los Estados Unidos y quien en diciembre del 2002 tuvo que renunciar a su arzobispado por las presiones de los católicos de su diócesis que lo acusaban de alcahuetear a los curas pederastas, Wojtyla lo refugió en Roma nombrándolo arcipreste de la Basílica Santa María Mayor. Cuando los fieles de una parroquia de su diócesis acusaban a un cura de pederastía, Law simplemente lo transfería a otra parroquia y listo el pollo, adiós escándalo, se apagó el incendio. Esta palomita ha tenido ahora el altísimo honor de celebrar la cuarta de las nueve misas fúnebres del novenario con que la Iglesia ha despedido en Roma al papa difunto. Cañonero mayor, como quien dice, ha disparado el cuarto cañonazo para anunciarle al cielo que va para arriba como un volador el nuevo santo y que abran las puertas rápido. "Santo subito!", grita la turbamulta en italiano, o sea "¡Santo ya!".
¿Y por qué refugiaba Wojtyla a semejantes palomitas blancas en el seno de su reino puro? Hombre, por la misma razón que, no bien asesinaron a su predecesor Albino Luciani y él ascendió al papado, de inmediato cubrió con su manto al arzobispo de Chicago Paul Marcinkus e impidió que metieran entre rejas a quien había sido el representante in pectore de Pablo VI en los más tenebrosos manejos del Banco Vaticano que llevaron a la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano tras una estafa de 600 millones de dólares. Alcahueta de cuanto pícaro y marica le pudiera servir, Wojtyla, el papa negociante, le decía a su amigo y biógrafo Gian Franco Svidercoschi que la Iglesia debía ser "una casa de vidrio". Y sí, en una casa de vidrio transparente vivió él para que lo vieran día y noche en su impudicia protagónica, pero nunca lo fueron las finanzas del Estado Vaticano, el octavo paraíso fiscal del mundo, a la altura de Suiza, las Bahamas y Liechtenstein, y cuyo mencionado Banco Vaticano (tartufamente denominado Istituto per le Opere di Religione) maneja 55 mil millones de dinero sucio italiano. ¡Como desde el concordato con Mussolini está exento de impuestos este Estado delincuente! Y después le salen a uno con que el producto interno bruto de la Ciudad Santa es de 20 millones de dólares o algo así. ¡Por Dios, no mientan! Multipliquen por 3 y después por mil a ver si nos vamos acercando.

¡Cifras tremendas las de estos negociantes tonsurados, de estos gángsteres ensotanados que se han embolsado los millones y las joyas robadas a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial aprovechándose del concubinato de Pío XII con los nazis! Pero no nos enredemos con papas del pasado, que pícaros de ésos en total ha habido 264. Concentrémonos en el transparente, en el que acaba de morir, a la vista de todos, con pompa y circunstancia, exhibiendo la opulencia insultante de su reino ante los pobres de este mundo. A ver, reinó 26 años y medio, ¿en días cuántos dan? Veintiséis años y medio de pontificado dan 9.661 días durante los cuales el Papa Viajero visitó 130 países, promulgó 13 encíclicas, 13 exhortaciones, 41 cartas papales, convocó 8 consistorios, 15 sínodos, pronunció 2.400 discursos o sermones u homilías o como las quieran llamar, infló el santoral en 482 santos y 1.316 beatos y trazó en el aire 23 millones 543 mil 327 bendiciones que yo conté y de las cuales una me cayó en el saco como mierda de paloma. Gracias a Dios tenía a la mano unas hojas de cuaderno con las que me lo limpié. Y todo lo enumerado, todo, todo, trompeteado a los cuatro vientos por la prensa y la televisión, que son rameras y se venden pero que cuando huelen un cadáver próximo se convierten en buitres. Como ahora, a raíz de la ostentosa muerte de Wojtyla. Porque, Dios existe y Alá es grande y Mahoma su profeta, finalmente murió.

Nueve viajes "apostólicos" hizo a África, durante los cuales, yendo de Gambia a Zambia y del tingo al tango, visitó 32 países. Dignas de recordar son sus visitas al epicentro del sida -Congo, Zaire y Sudáfrica-, donde anduvo predicando contra los preservativos, pese a que (según dicen aunque no he tenido tiempo de verificar), el Vaticano posee acciones en fábricas de condones. Lo cual habla bien de él y de su rectitud moral, pues a él no le importa perder mientras pueda ganar. ¡Como era el Papa de la Vida! Y yo pregunto ahora: de los miles o millones de niños africanos que nacieron infectados por el sida a raíz de su prédica contra el condón, ¿a cuántos recogió en sus palacios vaticanos? A tantos cuantos recogió de los que nacieron en Colombia después de su visita de 1986 a nuestro país a donde vino a predicar lo mismo, y que de no haber sido por su corazón bondadoso que los albergó allá hoy serían carne de cañón de las Farc, el ELN, los paramilitares, el ejército y el hampa de la calle.

Le atribuyen como gran mérito el haber sido junto con Reagan el gran artífice de la caída del comunismo. No hay tal. El comunismo se cayó porque Rusia fue a dar a manos del inepto de Gorbachov. Donde en vez de éste Rusia hubiera tenido, por ejemplo, a Kim Il Sung, el tirano de Corea del Norte, hoy otro gallo nos cantara. Al sindicato de Solidaridad lo habrían aplastado entonces los rusos como una cucaracha polaca, con papa polaco o sin él.

Su oposición a los preservativos, a los anticonceptivos y al aborto en un mundo superpoblado y por el que se extiende incontenible la pandemia del sida para mí es un crimen contra la humanidad. Y el no haber defendido los derechos de los animales lo considero un crimen contra la vida y contra el planeta. Éstos fueron sus crímenes mayores. En cuanto a sus bellaquerías, no tienen cuento. He aquí algunas: nombrar a Angelo Sodano, amigo de Pinochet y alcahueta de sus crímenes durante los 11 años que fue Nuncio Apostólico en Chile, para el puesto más alto de la burocracia vaticana después del suyo, como Secretario de Estado. Otra: recibir en audiencia privada en el Vaticano al criminal nazi Kurt Waldheim cuando era presidente de Austria, al terrorista Yasser Arafat (cuatro veces) y a Fidel Castro, a quien le retribuyó la visita viajando un año después a Cuba y legitimando con su presencia allá la continuidad en el poder del tirano. Otra: santificar al tartufo español José María Escrivá de Balaguer, fundador de la secta franquista del Opus Dei y más perverso y tenebroso él solo que toda la Compañía de Jesús junta y sumada a la caterva salesiana (con la bendición de Wojtyla el Opus Dei acabó desbancando a la poderosa secta de Ignacio de Loyola que desde los tiempos del cisma protestante había detentado el poder económico e intelectual del catolicismo). Otra: el show infame del 12 de marzo del año 2000 cuando para hacerse ver convocó a la giornata del perdono y divulgó el documento "Memoria y reconciliación, la Iglesia y las culpas del pasado" haciéndole al cuento de que iba a pedir perdón por los crímenes de la Iglesia, pero no, por lo que pidió perdón este embaucador nato fue por los crímenes de los católicos, lo cual es una cosa muy distinta. Crímenes de los católicos son, por ejemplo, los 27 mil asesinatos que cometen cada año los católicos colombianos. Y crímenes de la Iglesia son, por ejemplo, las campañas militares asesinas contra los árabes de Jerusalén en la Edad Media conocidas como las Cruzadas; o la destrucción de las civilizaciones precolombinas en la evangelización de los indios americanos por la fuerza; o la quema por la Santa Inquisición de incontables inocentes con las acusaciones de brujería o de herejía. Quemar a un ser vivo (humano o no) no tiene perdón del cielo. Si Dios calla ante este acto monstruoso, una de dos: o no existe, o es el Ser Más Malvado.

¿A dónde no fue? ¿Dónde no habló? ¿Con qué tirano o granuja con poder no se entrevistó? Un poco más y recibe al genocida de Saddam Hussein, a cuyo derrocamiento se opuso porque, oportunista como ninguno, políticamente era lo que le convenía: ir contra los Estados Unidos montándose en la cresta de la ola antinorteamericana. El Papa Viajero viajó siempre en jet privado, y en su agonía impúdica y protagónica ocupó todo un piso del Hospital Gemelli como si fuera un príncipe petrolero saudí. ¡Y cuándo tuvo una palabra de amor por los animales! Una siquiera. ¿Defendió acaso a las focas de los canadienses que las matan a palazos, o las ballenas que los japoneses y los noruegos matan a arponazos, o las vacas que acuchillan los matarifes en los mataderos de los países católicos para alimentar con proteínas, dieta fina, a la grey carnívora? ¡Ah puto viejo, ah puta farsa! Otro más de los grandes mentirosos y criminales de este mundo que se nos va sin castigo. El Papa Pérfido es como lo conocerá la Historia cuando se calme el revuelo de esta turbamulta paridora y de esta alucinación colectiva. Mi consuelo es que su miserable vida y su grotesco fin y su afrentoso entierro los borrará el próximo mundial de fútbol. ¡Que si qué! Dios existe, y si no mírenlo haciendo lindezas en Asia mandando tsunamis. Ahora, en estos momentos, mientras escribo, Karol Wojtyla, el Papa Pérfido, goza impune de la eterna paz de la nada.
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